martes, 31 de octubre de 2017

Indonesia. Capítulo 3. Sumatra: Elefantes en el río

En mi infancia disfruté con la película de dibujos animados de un elefante volador llamado "Dumbo". Ya en mi juventud, me emocioné viendo otro film: "La senda de los elefantes" y no hace mucho, una nueva película, de comedia y aventura, "Operación elefante", me inspiró sonrisas y ternura.

Gran aficionado a la fauna salvaje, aprendí a diferenciar los elefantes africanos de los asiáticos; su carácter matriarcal, su gran memoria y longevidad.

También, por mi profesión, supe que las vascularizadas orejas, son un sistema termorregulador muy eficaz, que tienen un sistema de amortiguación en sus patas y que un elefante tendido en el suelo, acaba asfixiado víctima de su gran peso.

Con mis lecturas, supe la hazaña de Almilcar Barca cruzando los Alpes al frente de su ejército en una caravana de elefantes y también, la estupidez humana, matando por placer o ambición estos bellos animales.

Más recientemente, asistimos a la erradicación del uso de animales en los circos y a la corriente cada vez más intensa, de aliviar los trabajos forzados de los elefantes asiáticos.

Mi primera experiencia real con estos animales, fue la inspección de un circo en Cantabria, para certificar el estado de salubridad y seguridad de estos animales.

Más tarde, en el Parque natural de Cabárceno, tuve ocasión de ofrecer melones enteros a los elefantes africanos criados en régimen de semilibertad.

En el Museo de Historia Natural de Nueva York, se exponen sendas manadas disecadas de elefantes africanos y asiáticos, para acercar al gran público la majestuosidad de estos animales.  Obvio decir, mis sentimientos encontrados, ante la oportunidad de ver aquellos animales y el hecho previo y necesario de su abatimiento.

En noviembre de 2016, vi muy de cerca elefantes africanos salvajes, sintiendo una tremenda emoción en esos momentos.

En marzo de 2017, se me saltaban las lágrimas de emoción y alegría, cuando monté con mis amigos Ana y Álvaro en un elefante de Camboya.

Acariciar la áspera piel de aquél elefante y vislumbrar el mundo desde su altura, me inspiró ternura y poder. Pero pronto me sentí inseguro.

El guía descendió del animal y me cedió su lugar sobre el enorme cuello del animal. Éste, supo rápidamente que no sabía mandarle y se paró ante un árbol para comer sus hojas.

Los monos del árbol se excitaron súbitamente, volviéndose agresivos. Tenía mi cara a menos de un metro y sentí miedo. Por un momento, pensé en tirarme al suelo para evitar un mal mayor, pero afortunadamente, todo quedó en un susto.

Desde aquél día, sentía la necesidad de montar nuevamente en elefante. Por ello, había previsto esta posibilidad en Sumatra.

En primer lugar, mis amigos y yo, pudimos relacionarnos con ellos de una forma dulce y alegre.

Bañarnos con ellos en el río, restregar con cepillo su rugosa piel y acariciar su larga, musculosa y prensil trompa, fue una experiencia única. Fue emotivo contemplar la satisfacción de los animales y las miradas casi humanas que nos dedicaron.

Terminada la faena, les dimos trozos de caña de azúcar y bananas. Los más pequeños, intentaban "robarnos" la comida de las manos, dando clara preferencia a los bananos.

Los paquidermos agradecieron nuestro cariño con sus trompas, mediante reiterados baños de agua del río.

Tras ensillar tres elefantes adultos, el guía nos dio un larguísimo paseo por la selva. Tuvimos que atravesar en tres ocasiones un ancho cauce de río no excesivamente profundo, si bien en una ocasión, creí que este podría engullirnos y temí por mi cámara de fotos.

Atravesamos una densa selva, subimos colinas escarpadas por senderos de resbaladiza arcilla y descendimos pronunciadas cuestas que me hicieron temer algún percance.

Sin embargo, todo transcurrió con normalidad. Aparentemente, no había sanguijuelas ni mosquitos, pero sí moscas como tábanos, de molesta picadura.

Difícilmente podía volverme para fotografiar los compañeros que nos precedían o seguían en aquella fantástica caravana.

Debía vigilar para evitar arañazos en las extremidades provocados por lianas espinosas. Una vez, hube de evitar una gruesa liana en forma de lazo, que encontré de frente junto a mi cuello, sin más trascendencia.

Descendimos junto al río de nuestras cabalgaduras tensos y cansados por el viaje, pero nuestra cara reflejaba alegría y felicidad.

No sería la última aventura en el río. Aquella tarde, descendimos por sus aguas haciendo un prolongado tubbing.

Consistió en flotar sobre media docena de cámaras de camión atadas entre sí, viajando río abajo, con ayuda de sendos palos, que no remos, sin salvavidas y sin tener las mínimas normas de seguridad.

Nos detuvimos e la salida de un pequeño río y nos dirigimos a pié hacia una cascada, donde comimos en un ambiente digno de la película "El lago azul", pero menos.

Durante el trayecto, caí reiteradas veces sin consecuencias, pues mis escarpines resbalaban sobre el verdín de las rocas y Álvaro, tuvo que arrancarse algunas sanguijuelas de la cara.

De vuelta a la balsa, "navegamos" bajo una intensa lluvia tropical. El río creció súbitamente, en profundidad y anchura y la corriente nos arrastraba. Debíamos cruzar el río y desembarcar en la margen izquierda según se bajaba. Conseguimos nuestro propósito a duras penas y con disimulado miedo, pero más allá del lugar deseado y previamente convenido.

Pudimos regresar al hotel en la abierta caja de un camión. Íbamos de pie y al grito de rama viene, nos agachábamos para evitar que éstas nos golpearan.

Finalmente, llegamos al bungalow de la selva donde nos alojábamos, agotados, entumecidos y felices. Habíamos tenido experiencias únicas y sobretodo, habíamos sentido la aventura de vivir intensamente. Nada parecido a las confortables y monótonas horas de sofá en mi casa.

Me he sentido extraño, escribiendo ésta crónica tropical, soportando los primeros fríos del otoño suizo, al pié del Montblanc. La vida es hermosa, allá donde nos encontremos, solo con el privilegio de respirar lenta y profundamente trece veces por minuto.

Nota del autor: no dispongo de fotos del descenso en tubbing por no arriesgar la integridad de mi cámara. Las fotos que aparecen en elartículo, han sido obtenidas de otras experiencias habidas en el mismo río y ya publicadas en internet






ELEFANTES AFRICANOS DISECADOS. MUSEO DE HISTORIA NATURAL. NUEVA YORK
Resultado de imagen de ELEFANTES MUSEO HISTORIA NATURAL NUEVA YORK

TANZANIA


CAMBOYA






SUMATRA





































                                 











lunes, 30 de octubre de 2017

Indonesia. Capítulo 2. Sumatra::Trekking en la selva.

Durante mi lejana juventud viví dos años en el desierto del Sahara,cocretamente, en Nouadhibou, Mauritania, Era director técnico de una importante empresa de transformación de pescado.

Periódicamente, recibíamos la visita de un belga, importador de pescado para el Zaire. Siempre comentaba que la selva era calurosa, húmeda, llena de alimañas y agobiante. Admiraba el desierto, con sus amplios horizontes y con menos riesgos personales.

Recordaba un proverbio americano: "Siempre es más verde el césped del vecino."  quiero decir con ello, que mientras el belga envidiaba mi vida en el desierto, yo, que solo veía verdor mirando las algas del mar en marea baja, ansiaba conocer la selva. Tanto es así, que cuando el barco se llevaba el pescado, mi vista seguía su estela de espuma hacia el sur.

Con los años, me adentré en la selva de la isla de Sao Tomé, en el golfo de Guinea. De origen volcánico y de ubicación ecuatorial. Era muy cerrada y la hierba me llegaba hasta la rodilla. Aquí hay dos riesgos: una araña muy venenosa y la cobra prieta, cuya mordedura es mortal. Me decían que no me acercara a ella a menos de un metro, pero era imposible detectar cualquier alimaña en aquellas circunstancias y sentí angustia rayana en pánico.

Una de las actividades de este viaje, era un trekking a pie por la selva de Sumatra. Tenía algo de miedo, pero me sobrepuse. De entrada, me disgustó pasar un pequeño río en bañador y con los pies descalzos. Como sanitario, pensaba en numerosos parásitos tropicales y me sentí realmente incómodo. 

Ya en la otra orilla, nuevamente calzado y protegido por repelente de insectos y una chaqueta mosquitera, me adentré en la selva tras el guía.

Durante el camino, vimos plantas medicinales, algún mono y muy escasas aves. Me pareció una selva muerta, pero había vida. Evitaba ramas espinosas, raíces aéreas, raíces superficiales, troncos caídos y todo tipo de obstáculos. Una sanguijuela se me pegó en una mano y acerté a verla antes de que engrosara demasiado con mi sangre.

Estos parásitos, inyectan a sus hospedadores una sustancia anestésica y otra anticoagulante. Lo sé por experiencia. En Coffs Harbour, Australia, me sentí húmedo y al mirarme, vi una gran mancha de sangre en el suelo debido a una sanguijuela.

Esta vez, pude ver varias sobre las hojas y los troncos de los árboles. Daban un latigazo y saltaban sobre cualquier animal de sangre caliente que pasara.

Iba protegido por la ropa y tenía los calcetines por encima del pantalón como precaución adicional. Llovía a veces intensamente. Mis gafas estaban empañadas, a veces resbalaba sobre el húmedo terreno y me costaba sortear los obstáculos y subir por las empinadas pendientes del lugar.

El esfuerzo físico era notable y no lo estaba pasando bien. Recordé las palabras de un fotógrafo profesional que conocí en el sur de Etiopía. había estado en Rwanda para fotografíar gorilas en la selva. Me contó que hay que tener un gran fondo físico para ascender con rapidez por las montañas selváticas en busca de estos animales.

Comprendí que ir tras los gorilas, no era una experiencia a mi alcance y pensé que  tampoco me llenaba en exceso el paseo por la selva de Sumatra.

Terminada la travesía por ésta, me desprendí de mi ropa húmeda. Una de las patas de mi pantalón, estaba teñida de sangre. Varias sanguijuelas se habían adherido a mis piernas y la sangre chorreaba hasta el suelo.

No fue una agradable actividad y me sirvió para comprender lo que aquél belga me contaba en mi juventud.



    Sanguijuelas  esperando su oportunidad de saltar sobre un hospedador




Sanguijuela tras succionar la sangreResultado de imagen de sanguijuela indonesia con sangre
   Preciosa cascada durante el camino




    Atravesando un puente colgante para acceder al bungalow de la selva donde nos alojábamos