jueves, 12 de enero de 2017

Todo natural. Capítulo 3. La alimentación

Me desperezo, veo una paloma torcaz saltando por las desnudas ramas de mis árboles. ¡Qué bonita es la Naturaleza!

Me levanto, me aseo y me abrigo, con toda la química ya descrita en capítulos anteriores y me preparo el desayuno.

Lleno un bol de muesli sin azúcares añadidos, que además de los cereales, tiene edulcorantes (maltitol, acesulfante potásico), aceite refinado de girasol (¿pero cómo y con qué?), aromas (pero ¿cuáles?) y antioxidante (extracto rico en tocoferoles). El etiquetado advierte que un consumo excesivo puede tener efectos laxantes y que el producto puede tener trazas de sulfitos.

Añado grosellas, moras cultivares y frambuesas cultivadas por mí y congeladas para mis desayunos de invierno. Luego, echo leche fermentada para beber con fresa y plátano, que contiene entre otras cosas, lactosa y proteínas de la leche, jarabe de glucosa-fructosa, almidón modificado de maíz, estabilizante, pectina, sorbato potásico y colorantes como los carmines y la cúrcuma

Mis ansias de adelgazar, se atemperan cuando al rato suenan mis tripas. Tengo imperiosa necesidad de echar algo al monago y rebusco por la despensa.

Corto una rebanada de pan y le añado un sirope americano que es un sucedáneo del maple, o miel de arce. Tiene sirope de maíz, goma de celulosa, aromas artificiales y naturales, caramelo, ácido sórbico y benzoato de sodio como preservatives y me tranquilizo cuando esta palabra no es lo que parece, sino conservante en inglés y finalmente, hexametafosfato de sodio.

Al rato, las tripas tocan un concierto y piden más leña para la caldera digestiva. Intento engañarme con una naranja, que ha sido tratada con ceras, pero no lo consigo.

A la media hora, me hago un té negro con leche blanca, claro y le añado un edulcorante a base de lactosa, estabilizante (celulosa microcristalina), edulcorantes (acelsulfamo potásico E-950 y aspartamo E-951, almidón y L-leucina. Me pregunto cómo es posible que quepan tantas cosas en un minúsculo comprimido y me doy un lingotazo de té.

A las 13 horas, me caliento arroz blanco y le añado unas especias etiquetadas como Simply Asia, americanas, por supuesto, que contiene otra lista de aditivos que me da pereza transcribir a este artículo.

Como proteína, tomo jamón cocido, que afortunadamente, tiene jamón, pero que desafortunadamente, tiene varios cloruros, estabilizantes E 451i, E 420 y E 407. También tiene aromas, antioxidantes (ascorbato sódico y citrato sódico) y nitrito sódico como conservante.

El pobre cerdo, nunca pudo imaginar que le iban a vender como lonchas con tantos potingues.

Me acuerdo entonces de la diferencia entre colaborar e implicarse. Se explica con un plato de huevos con chorizo; la gallina ha colaborado, pero el cerdo se ha implicado

Me tomo un nuevo té, esta vez, con limón y le añado azúcar refinada, porque es blanca, pero el envase no indica con qué y cómo la han refinado. Para añadir un poquito de sólido, me tomo dos galletas Digestive. La lata que las contiene me da consejos como si fuera una parienta a tiempo completo, de esas que comparten hipoteca y mandan fuera y dentro de casa: despídete del ascensor y utiliza las escaleras; bebe agua en abundancia; come fruta y verduras frescas; olvídate del alcohol y del tabaco; duerme un mínimo de 8 horas al día y sonríe siempre que puedas.

¡Pero como voy a sonreír si me quitan el ascensor y me llenan de agua, por Dios! Lo mismo me pasó en mi primer viaje a USA. Recuerdo que desayuné poco y cuando me sirvieron el lunch, era un sandiwch de palomitas de maíz con salsa de frambuesa.

En casa me mandan a paseo. No es que estén hartos de mí, es que quieren que deje de ser un gordito. Me contabilizan 50 minutos de marcha por el pueblo. Sobrevivo y vuelvo a casa con ganas de comer y me preparo la cena.

Preparo un bol grande y pico dos endibias, le añado uno palitos de mar que contienen surimi al 47% (hecho con merluza del Pacífico y abadejo de Alaska. ¿No podían conseguir el pescado más cerca?), almidones modificados, aroma, extracto de cangrejo (curiosamente hecho con crustáceos, soja, molusco y pescado), glutamato de mono sodio como potenciador del sabor y colorante que afortunadamente, es extracto natural de pimentón.

Una vez tomada mi ración de hierba, me tomo un poco de guacamole, que además de aguacate, tiene ácido cítrico, ácido ascórbico, antioxidantes(E 301 y E331), conservados (E202) , aroma de ajo (yo preferiría ajo sin aroma) y cilantro deshidratado.

Me entra el sueño y me voy a la cama satisfecho de haber vivido otro día "muy natural".

Mientras me rindo al sueño, pienso que me gusta comer y que he llegado a la fase de senecto sin bastón y con un toque de colesterol. Pienso que soy lo que se llama, un gordito feliz, al que la parentela le amarga cada bocado que toma.

Sé que como experto en seguridad alimentaria, soy un privilegiado a la hora de seleccionar los alimentos, pero ni aún así me libro de los aromatizantes, los conservadores, los colorantes y los antioxidantes, legales o clandestinos.

Tampoco me libro de los contaminantes físico químicos, como los metales pesados, los plaguicidas, los hidrocarburos aromáticos policíclicos, los nitratos y tantas otras sustancias que ingresan en los organismos y se van acumulando en nosotros.

En vez de contar ovejitas saltando la valla, pienso en todas las sustancias que me he comido hoy y me pierdo en la negritud de la noche.

Continuará











El color del dinero

Soy lo suficientemente rico, para no tener excesivas preocupaciones por el dinero. Veo el horizonte con optimismo y con la tranquilidad de tener un buen cobijo, una buena asistencia sanitaria y una despensa llena.

Soy también lo suficientemente pobre, para saber de memoria mi patrimonio, sin necesidad de administradores y asesores fiscales.

Soy simplemente un hombre sano y feliz, que tiene hijos y nietos, que ha escrito libros, plantado árboles y viajado. Un ser humano afortunado, que combina autoestima, amor y bienestar y que disfruta satisfecho y confiado el último tramo de su vida.

Considero importante el dinero, sólo como garantía del mantenimiento de mi estatus de burgués de clase media, pero sin quitarme el sueño. Sé que cuando desaparezca de este mundo, lo haré tal como vine, es decir, ligero de equipaje y valoro más la riqueza de los sentimientos.

Hace unos días, cansado de que un importante banco español, se mostrara insaciable en sus comisiones, decidí suspender mi cuenta en la entidad. Cuando pregunté cuánto me cobrarían por transferir mi dinero a otro banco, me escandalizó la comisión. Por ello, decidí recoger personalmente el dinero y llevarlo a otra sucursal bancaria cercana.

Hube de cerrar mi cuenta y también por ello, tenía que pagar una cantidad. Cobrar por mantener la cuenta y también por dejar de mantenerla, era un abuso. Pagué la cantidad, pensando que habían aprovechado hasta el último segundo para succionar mis ahorros y luego, me sentí liberado.

Me dieron mi dinero en grandes billetes de 500 euros.Sabía que existían pero al ver tantos de ellos juntos, me sentí extraño. Dejé atrás el banco que nunca más sabrá de mí y marché hasta otra entidad bancaria donde siempre he sido bien tratado.

Cerrada la operación, paseé tranquilo por las calles de mi ciudad. Pedigüeños estratégicamente apostados, pedían su óbolo mientras que señoras da canas teñidas y pelo cardado, paseaban pieles de visones muertos en forma de abrigo de calor y señal de opulencia.

Entre medias, había paseantes de diversa condición económica en sus afanes de vida. Fue entonces, cuando me pregunté diversas cuestiones de dinero.

Mi pensión de jubilación es el fruto de una vida de trabajo. ¿Porqué entonces, ahora que no trabajo, me descuentan de ella el impuesto de rendimiento de las personas físicas (IRPF), si ya no rindo?

Tengo derecho a la máxima pensión, pero ésta está topada y me correspondería más. Se supone que es por solidaridad y compensar otras pensiones menores. ¿Porqué entonces, se habla del copago de las prestaciones farmacéuticas y unos no pagarán las medicinas y otros sí lo haremos?

Cuando hacemos la declaración de la renta, pagamos en función de nuestro ingresos. Se supone, que los impuestos igualan a los ciudadanos. ¿Porqué entonces, ante cualquier gasto público, de naturaleza más o menos social, siempre se recurre a la coletilla de quien más tenga que pague más?

Las sanciones por infracciones diversas, son a menudo enormemente elevadas y absolutamente desproporcionadas con los niveles de ingresos de los ciudadanos. A veces, una infracción leve, supone una sanción entre 600 y 3000 euros. ¿Es realmente ético?

Si debe pagar más el que más tiene, ¿sería entonces razonable que los productos de consumo se pagaran según el nivel de renta? Así por ejemplo, un pan, tendría varios tramos de precio según la pasta del que quiera dar un mordisco a un chapata.

Pensé que la sociedad no es siempre justa ni congruente y que los privilegiados ubicados en el vértice de la pirámide social, se parecen mucho a los grandes predadores de la cadena alimentaria.

Si los leones atrapan con sus colmillos los herbívoros de la sabana para nutrirse, nuestros banqueros usan sus comisiones para extraer el producto del sudor ajeno para mantener su tren de vida.

Mientras, la clase media, que es la que mantiene el tinglado, sortea pedigüeños y visones muertos preguntándose de qué color es el dinero














domingo, 8 de enero de 2017

Todo natural. Capítulo 2. El abrigo

Domingo 8 de enero. Estoy física y emocionalmente aterido. La casa está moderadamente templada y acogedora, pero "se ve el frío"a través de los cristales.

La escarcha ha teñido de blanco el césped del jardín. Una fina placa de hielo cubre el agua del estanque. El banano que se erguía espléndido junto a él, ha entregado al frío sus anchas hojas y salvará su raíz para besar mis ojos con su renacer de primavera.

Las aves del jardín, picotean la comida que les pongo. Malvíses, mirlos, gorriones, petirrojos y jilgueros, obtienen así energía en una época de mayor necesidad y carencia. Se mueven despacio, atenazados por un frío que se va lentamente con los primeros rayos del sol.

He desayunado miel de brezo, sobre una pésima espuma de trigo que algunos llaman pan. Pronto dedicaré otro capítulo de esta serie a la alimentación natural.

Ahora, busco el calor, para reconfortarme y protegerme del invierno del norte.

No enciendo la chimenea, pues me lleva bastante tiempo encenderla y aunque su calor y olor dan sensación de cálido hogar, me resulta más fácil y eficaz la calefacción de gas-oil. Es otra traición mía a la naturaleza.

Seco y aseado, me quito el albornoz. Es una prenda de algodón teñido con un tinte artificial de color granate.

Me cubro la paternidad con un calzoncillo, aunque los dependientes de ropa, lo denominen bóxer slip, una variante del bóxer (calzoncillo) tradicional que se caracteriza por un diseño ajustado sobre la región pélvica, por ser fino en mi descripción, sin usar palabras más contundentes.

Cuentan con un elástico visible que se ajusta a la altura de la cintura y poseen una prolongación frontal en el crotch que permite el soporte de los genitales masculinos, por supuesto y cuenta, además, con materiales textiles elásticos.

En mi caso, no son de algodón, sino de elastano, que produce una adhesión completa a la pelvis. No uso modelos que se ajustan sobre el abdomen, porque fracasaría en el intento de moldear mi cuerpo. Tampoco tienen un mecanismo sencillo de relleno oculto, para conferir a mi zona erógena un mayor volumen. Ante todo, sencillez, naturalidad mientras se pueda y honestidad.

Lo de la naturalidad viene al cuento por la fibra utilizada. El elastano, licra o spandex, es una fibra sintética de gran elasticidad y resistencia. Es un copolímero uretano-urea formado en un 95 % por poliuretanos segmentados a base de un éter polibuténico que actúa como muelle entre los grupos funcionales del poliuretano.

Puede ser estirado hasta un 500% sin que se rompa, se puede estirar gran número de veces, volviendo luego a su forma original, por lo que resulta muy práctico para proteger la zona de la refriega de los impetuosos jóvenes que juegan a la vida en su máximo esplendor.

Pero que quede constancia a mis colegas de género, que su escroto y demás compaña, lo tienen envuelto en una sustancia sintética y no inventada por la naturaleza.

Cubierto el pan de mis hijos, me pongo los calcetines, los pantalones, la camisa y un jersey. A continuación, me coloco los zapatos y preparo la bufanda y el anorak para salir protegido al invierno de la calle.

Miedo da leer las etiquetas de cada prenda. Mi cuerpo no va abrigado con fibras naturales, con colores naturales tratados naturalmente. Todo lo más, con una mezcla de naturalismo y síntesis con predominio de ésta última.

Las fibras sintéticas, forman parte inevitable de nuestra vida, salvo que vivas en la selva sin contacto con el resto de la humanidad, en cuyo caso, no me estarías leyendo.

Hay fibras de poliamida, como el nylon y las aramidas; fibras de poliéster, como PET; PLA y PTT; fibras acrílicas obtenidas por polimerización; fibras poliolefínicas, como el polietileno, propileno y los alastómeros ya citados. y también fibras clorofibras o polivinílicas.

¿Y ya está? De ninguna manera, hay nuevas fibras, como los bicomponentes, los derivados del poliacrinonitrilo, las microfibras, las nanofibras y las que en este momento, se estén inventando en los laboratorios del mundo.

La ropa interior comestible, de indudable carga erótica, no deja de ser una anécdota en el campo de la investigación. Los científicos trabajan en fibras inteligentes que revolucionarán aún más el arte del vestir.

A todo esto, hemos de añadir los distintos tintes que llenan de color el paisaje urbano.

Así pues, aseado con los productos descritos en el anterior capítulo y vestido con toda esta sarta de palabrejas, salgo a la calle, satisfecho de respirar aire puro en plena naturaleza. ¡Qué felicidad!

Continuará









sábado, 7 de enero de 2017

Todo natural. Capítulo 1. El aseo

Estoy encantado de mi vida. Vivo en el campo, sin calendario, sin reloj y sin corbata. Soy libre, ajeno a la pasada vida laboral y disfruto de cada momento, siguiendo el dictado de la naturaleza.

Bueno, eso creía yo.

Cada mañana, al levantarme, me siento en el inodoro y tras el fisiológico desahogo, utilizo papel higiénico blanqueado con peróxido.

Me lavo las manos con un jabón que contiene:

Metilcelulosa, benzoato de sodio, trietanolamina (TEA), Detersin, Genapol, Glicerina, Color vegetal, EDTA y Fragancia
 

.






Me limpio por primera vez los dientes y me los froto con un cepillo en el que no constan sus componentes con una crema dental que contiene Sodium monofluorophosphate que es muy bueno para prevenir las caries, aunque no deje de tenerlas.

Después, me enjuago la boca con un antiséptico bucal de total acción que previene las caries y es antiplaca.

Sus ingredientes activos son Alcohol, Fluoruro sódico y Cloruro de cetilpiridinio, pero tiene otras sustancias acompañantes que ya no me apetece copiar y supongo que a estas alturas, a ti lector, tampoco te apetece leer.

Me aplico sobre la cara espuma de afeitar para piel sensible, con leche de avena y vitamina E. Se trata de un aerosol altamente inflamable y tras leer las precauciones que debo tener en cuenta para no poner en riesgo inminente mi vida, leo los ingredientes del producto:

Srearic Acid, Triethanolamine, Isobutane, Hydrogenated Starch Hydrolysate , Propane Phenolxyethanol, Glycerin, Lauretth 23, Sodium Lauryl Sulfate, Hydroxyethylcellulose, Parfum, Panthenol, Bisabolol, BIS-PEG/PPG-20/20, Dimethicone, Paraffinum Liquidum, Sodium PCA, Propylene Glycol, Pyroctone Olamine, PEG-8, Butane, Tochopherol, Allantoin, Pantolactone, Ascorbyl Palmitate, Avena sativa, Kernel extract, Citric Acid, y finalmente, Sodium Ascorbyl Phosphate  

Me afeito con una maquinilla de doble hoja, con una banda deslizante, para lubricar mi piel, cuya substancia no viene indicada en el envase

Abro el grifo de la bañera, sale agua clorada y añado un chorro de gel de ducha cremoso y suave de fragancia exclusiva antes de sumergirme en un agua espumosa.

Contiene Sodium Laureth Sulfate, Dissodium Cocoamphodiacetate, Sodium Chloride, Polyquateminu 7, Niacinamide, Cocoamdopropyl Betaine, parfum PEG 7, Glyceryl Cocoate, Citric Acid, Linalool, Eugenol, Citroneliol, Limonene, Geraniol, Benzyl Alcohool, Sodium Benzoate, Sodium Salicylate, Cl 15985, Cl 16035, C 19140 y finalmente, Cl 42090

Me lavo la cabeza con champú.

Contiene Sodium Laureth Sulfate, Cocadopropyl Betaíne, PEG 7 Glyceryl Cocoate, Amodimethicone/Morpholinomethyl Sisesquioxane Copolymer, Prunus Armeniaca Kernel Oil, Hydrolized Keratin, Panthenol, Sodium Chloride, Disodium Cocomphodiacetate, Cocamide Mea, Citric Acid, Polyquaternium 10, Sodium Benzoate, PEG 40 Hydrogenated Castor oil, Parfum, PEG 120 Methyl Glucose Dioleate, Hexyl Cinnamal, Butylphenyl Metthylpropional, Bebzyl Salicylate, Linalool, Trideceth 5 Benzyl alcohol, Limonene, Glycerin, Propylene Glycol, Phenoxyethanol, Potassium Sorbate y Cl17200


Mis siete pelos quedan un tanto perjudicados y debo aplicarme una crema suavizante, en cuyo envase, consta la siguiente composición:

Cetearyl, alcohol, Amodimethicone, Behentrimonium Chloride,Hydroxyethylcellulose, , Parfum, Cetrimonium Chloride, Trdeceth-12, Cetyl Esters, Isopropyl Alcohol, Benzyl Alcohol, Tetrasodium EDTA, Sodium Bebzoate, Acetic Acd, HxylCinnamal, Sodium Hydroxide, Imonene, Potassium Sorbate, Butylene Glycol, Citric Acid, Butyphenyl Methylpropional, Linolol, Chondrus Crispus Extract, Ascophyllum Nodosum Extract, Laminaria Sacharina Extract, Ascophyllum Nodosum,  extract, Undaria Pinnatifida, Extract


Al salir de la bañera, aplico en mi fugada cabellera, un gel fijador  para evitar  pelos tiesos que estropeen mi "perjudicada apostura" Vale para todo tipo de cabellos y tiene Provitamina B5. Es un producto sano y brillante que no deja residuos, es hipoalergénico y está dermatológicamente testado. Eso sí, contiene:

Alcohol Denat., Polyquaternium-11, Polisorbate BO, PEG - 14 Dimethicone, Acrylates/Steareth-20 Metacrylate Copolymer, Panthenol, PEG-40 Hidrogenated Castor oil, Parfum, Diazolidinyl Urea, Iodopropynyl Butylcarbamate, Propylene Glycol, Sodium Hydroxide y Limonene


Tras peinarme, me doy en el rostro un bálsamo after shave para piel sensible, sin alcohol ni perfume que alivia y repara. Contiene Extracto ecológico de Manzanilla y está enriquecida con Vitamina E y un filtro solar que protege del sol y del envejecimiento cutáneo. Pero en el etiquetado consta que tiene:

Glycerin, Cyclopentasiloxane, Dicaprylyl Carbonate, Diethylhexyl Carbonate, Glyceryl Stearate, Isopropyl Palmitate, Pantenol, PEG-100 Stearate, Carbomer, Benzophenone-3, Bisabolol, Tocopheryl Acetate, Sodium Hydroxide, Chamomilla Recutita (Matricaria), Flower extract, Diazolidinyl, Urea, Isopropynyl Boutycarbamate y finalmente, Propylene Gyicol

Evidentemente, debo aplicarme un desodorante para que no me huelan las axilas. Viejo y venido a menos, casi invisible a ojos femeninos, no puedo arriesgarme a que un mal olor corporal aleje de mía a la cegata que se me acerque. Tiro de desodorante para hombre antimanchas y me froto bien los alerones. La idea es que su intensa fragancia masculina combine notas cítricas y frutales, con un fondo amaderado que estimula los sentidos, lo que es ideal para llevar al gimnasio, aunque como bien es sabido, no suelo ir a esos antros.

Tras la correspondiente impregnación axilar, de este producto, que también ha sido testado, incorporo a mi organismo, los siguientes ingredientes:

Alcohol desnaturalizado, Propylene Glicol, Stearic Acid, Butylene Glycol, Aloe barbadensis, Leaf juice, Parfum, Cetyl Alcohil, Sodium Hydroxide, Sorbitant Stearate, PEG-40, Hydrogenate Castor oil, Ethylexylglycerin, Linalool, Hydroxisohexyl 3-Cycloexene Carboxyaldehyde, Limonene, Citral y como remate, Cl42090

Tras aplicarme tantos productos, mi piel en general, requiere una crema para manos Sos Repair and Care, es decir, que viene a auxiliarme, tras el pago de su importe, para repararme y cuidarme. Para ello, me aplico un nuevo lingotazo de sustancias:

Glycerine, Myristyl Alcohol,, Cetyl alcohol,, Dimethicone, Microcrystaline, Sorbitan Stearate, Cetearet-e - Mineral Oil/Triceteareth-4 Phosphate. Glyceryl Laurate, Panthenol, Glyceryl Glucoside, Glycine Soja, Caléndula Officinalis Flower Extract, Carbomer, Sodium Hydroxide, Phenoxyethanol, Methylparaben, Parfum

Ya aseado, me dispongo a vestirme para salir a la calle y seguir disfrutando de la Naturaleza.

Continuará.

viernes, 6 de enero de 2017

Hija de la ciudad

Hace 5 años, llegué a Zinguinchor en el sur de Senegal. Antes de pasar a Guinea Bissau, entré en un ciber y me conecté a internet.

Abrí mi correo y vi la primera foto de una niña recién nacida. Rodaron por mis mejillas lágrimas de emoción, dejando un rastro húmedo y salado en un rostro con el polvo del paisaje.

Era mi primera nieta. De sangre europea, había nacido en Norteamérica y la veía desde África. Ironías de la globalización.

Temblé de alegría y emoción, cuando finalmente la tuve en mis brazos, allá en Nueva York, donde pasaría sus primeros tres años de vida.

Más tarde, cuando mis hijos se trasladaron a Suiza, aquella niña, ya acompañada por un hermanito, se cría en un ambiente francófono.

A sus cinco años y trilingüe a su nivel de edad, es una encantadora nieta, producto de un ámbito global y de grandes urbes de gran tradición internacional.

Conglomerados cosmopolitas donde nada falta y de todo hay. Donde habitantes y productos de todo el mundo, son la quintaesencia de la multiculturalidad.

Es así que mi nieta, como otros urbanistas del mundo, tiene acceso, por ejemplo, a productos lácteos diversos en composición y presentación. Para ella, la leche procede de un envase de cartón, como el dinero del cajero automático, por ejemplo.

Hace días, con ocasión de las fiestas navideñas en España, me propuse enseñarle la vida en el campo. La llevé a un establo del pueblo, vio vacas de cerca, y observó cómo las ordeñaban. Al día siguiente, comprobó como era el auténtico sabor de la leche.

Fue una grata sorpresa para ella y mucho más cuando pudo darle biberón a una ternera de tan sólo 10 días. Su cara era un reflejo de felicidad al encontrarse en un medio natural que casi le era ajeno.

Había estado en jardines, lagos, ríos, playas y montañas e incluso había disfrutado viendo mis gallinas corriendo tras de mí y relamiéndose con los ricos huevos camperos que producían, pero le faltaba la experiencia con las vacas.

Superada con ilusión esta prueba, hoy me ha ayudado a recolectar los kiwis y las mandarinas del jardín, que se llevarán en el coche a Suiza.

Cuando esté allá y juegue con lo que le han dejado los Reyes Magos en España; cuando saboree un vaso de leche o coma los kiwis del jardín de su abuelo, recordará que hay vida más allá de la ciudad y los abrazos y besos de sus seres queridos de donde es ella, aunque haya nacido en tierras extrañas a las que también considera suyas.

















domingo, 1 de enero de 2017

Viena, amor y música

Estoy un tanto perjudicado. Tengo sueño, y mi estómago está sufriente después de la cena de Noche Vieja y los jaleos del despertar entre nietos.Ella.estrenando su maletín de maquillaje de niña bien definida y él, como un cervatillo trotón por las praderas de la casa, para mi sobresalto personal.

Aturdido y algo mareado, he debido tirar a la basura los restos del naufragio del año finiquitado, reajustar sillas y mesas, para la ampliación del capital humano familiar, pues hoy pasamos de 17 a 22 comensales y no estaremos todos.

He puesto comida a los pájaros silvestres, para que jilgueros, petirrojos y gorriones llenen de vida el jardín. Más allá, las garcetas bueyeras se mezclan entre los córvidos que dan un tinte negro al invierno.

La televisión me regala el concierto de Año Nuevo, emitido desde Viena. Todo es equilibrio, elegancia, lujo, alegría y armonía.

Enormes lámparas de cristal de roca, cuelgan de los policromados artesonados de la gran sala. Los músicos, impecablemente vestidos para la ocasión, juegan la música de sus instrumentos. Violines, violoncelos, flautas, timbales, .., todos relucientes, afinados y hermosos, cantan lo mejor de sí mismos para deleite del gran auditorio del mundo.

Una densa línea de rosas, claveles, hibiscus, peonías, limones, piñas y demás regalos de la Naturaleza, dan belleza y esplendor.

Es momento de paz, sosiego, enardecimiento, sueños y sensibilidad. La música clásica, en mayúsculas, enaltece el alma y eleva al ser humano como la gran obra del Creador.

Al menos esta mañana, el hombre da lo mejor de sí mismo para iniciar el año como debería seguir y terminar.

Hay otro concierto maravilloso. Lo dan los servidores de la sociedad, con lo camiones de basura, los hornos de pan y los quirófanos de los hospitales. Lo dan los misioneros que pisan el barro del subdesarrollo, los sacerdotes que dan la extremaunción y los militares que defienden con sus armas, nuestras fronteras de la maldad y el rencor, la sangre y la muerte.

Son otros conciertos de paz, menos lucidos, pero igualmente hermosos y necesarios.

Terminará el concierto, se adueñarán de las televisiones y de las radios los sofismas políticos, la hediondez del cuchicheo social y los ruidos de pachanga que llaman música.

Volverán los atentados contra la vida y la armonía, las palabras hirientes, las blasfemias y el mal gusto, pero por ahora, es la mesura, la distinción y el buen gusto musical.

Nuevamente comeremos en familia, castigando una vez más nuestros estómagos, pero serán momentos de risas, abrazos, besos y diversión en amor de sangre.

Y cuando todo recupere la solitaria normalidad, recordaré los momentos de familia y escribiré nuevos artículos, con títulos tan sugerentes como las Obreras de Dios, El calor de la leña o La farmacia del cielo; un homenaje a nuestras abejas de jalea y miel, al hogar y a nuestras plantas medicinales

Lágrimas de sirena, Obreras de Dios, Farmacia del cielo, bonitos y poéticos títulos para describir con amor la grandeza de la vida. Porque yo, analfabeto en muchas cosas de la vida, lleno de defectos y carencias humanas, como todos, quiero poner al servicio de mis compañeros de viaje de mi tiempo, el sentimiento positivo, de que la belleza existe y de que nada hay más hermoso que el amor y la Naturaleza.


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Los pollos del infierno

El primer día del 17 es luminoso y frío. Aún descanso tras la alegre despedida del 16 y los nietos no han hacen el ruido de la vida.

Pronto oiré el concierto de año nuevo emitido desde Viena. Estas fiestas serían extrañas sin sus polkas y sin el canto de la lotería de los niños de San Idelfonso.

Ahíto por los excesos de la cena, viene a mi memoria una fallida comida de un lejano día.

Venían a casa la novia de un hijo y sus padres, con el fin de estrechar las relaciones que desembocarían en la alianza filial de ambas familias.

Compré dos pollos camperos, de esos que tienen la carne roja y densa y saben a pollo por la gloria de mi madre. Adorné sus extremidades con papel de plata y los coloqué en un recipiente de barro.

Prendí la leña en el horno de barrio refractario, generosamente, incautamente, desgraciadamente.

Todo era perfecto. La jornada debía ser alegre, sabrosa y hermosa.

Poco a poco, la leña se hizo ascuas, apagándose las llamas. Marginé los rescoldos y comprobé que aquel vientre de barro tenía la temperatura del infierno para luego disfrutar del sabor del paraíso.

Estaba solo ante mi gran momento culinario. Una hora más tarde, todos disfrutaríamos la sabrosa proteína regada con un buen vino, entre sonrisas, cariños y alegrías de futuro.

La bandeja de barro tenía un baño de aceite de oliva, un lecho de patatas, cebolla y mucha ilusión.

La introduje en la panza del infierno y cerré la puerta. Solo quedaba esperar. Una sabia combinación de tiempo y calor, pondría los pollos a punto para el festín.

Poco después, abrí la puerta para satisfacer mi curiosidad, comprobar la buena marcha del proceso y regodearme en mi autoestima personal.

La piel estaba demasiado dorada, el aceite crepitaba y percibí un excelente aroma.

Primero sonreí. Luego me sorprendí al ver que los pollos levantaban las patas y parecían crecer de tamaño. Finalmente, pasé de la estupefacción al abatimiento.

Los pollos crecieron aún más, sus patas siguieron elevándose como si hicieran un saludo hitleriano y sobrevino la catástrofe.

Un pollo explotó y el otro, envidioso del primero, siguió su camino. Los restos de carne se pegaron por la bóveda del horno y algunos trozos, se adhirieron a mi ropa.

Limpié de grasa, carne y patas mis gafas, me lavé y me cambié de ropa. Conduje mi coche a Santander y compré tres pollos asados en un horno existente en Cuatro Caminos.

Puse los nuevos pollos en otra fuente y tras varios perdones y numerosas risas de cómplice comprensión y nervioso pitorreo fueron desapareciendo en nuestros estómagos.

A pesar de todo, fue una buena velada. El motivo de la reunión no eran los pollos sino los sentimientos compartidos.

Mi fallo fue querer hacer las cosas bien, pasándome de leña y por lo tanto de calor.

El noviazgo continuó hasta que un día, cuya fecha no recuerdo, el amor se extinguió y se terminó la relación. No fue una explosión como le sucedió a los pollos por exceso de calor, sino el enfriamiento sentimental.

Pasaron los años, mi hijo se casó con una gran mujer y me dieron dos hermosos nietos. Carla y Lucas, están hoy en casa con sus padres colmándome de felicidad.

Precisamente, les oigo trotar por el pasillo y comprendo que se ha acabado el sosiego.

Comienza un nuevo año, con un abuelo que mengua y unos nietos que crecen. Dos acá y dos allá; cuatro por el momento.

Feliz año 2017 a todos mis lectores. Gracias por compartir mis pensamientos. Cuidaros mucho, porque no quiero perder mis lectores y recordad que la vida, debe vivirse con moderación y alegría. No vaya a ser que en un exceso de perfeccionismo, pongáis todo el "asador en la carne" y exploten vuestros proyectos, como les pasó a mis difuntos pollos camperos, que en gloria estén.

Al empezar este año, mando un saludo a mi lectores y un beso muy fuerte a todas mis lectoras, por las que confieso mi especial devoción.