martes, 24 de enero de 2017

¡Manda huevos!

Cuando Trillo, el político denostado por la izquierda española, era Presidente del Congreso de los Diputados, dijo en sotovoce, una expresión que resonó en toda la Cámara, por un fallo de la megafonía del Congreso: ¡Manda huevos!

Desde entonces, la expresión se ha incorporado a la jerga coloquial de este país y por supuesto, se encuentra en el anecdotario de la vida política española.

Cuando ayer paseaba plácidamente por mi ciudad, un africano de raza negra, me dio una propaganda que acepté por educación y que pensaba tirar en la papelera. Sin embargo, le eché un vistazo y decidí conservarlo.

El texto anunciaba un Gran Ilustre Vidente Africano, que ofrecía ayuda para resolver diversos problemas con rapidez, eficacia y garantía,

Se trataba del Maestro Chaman Africano, Gran Medium Espiritual Mágico, con poderes naturales, con 15 años de experiencia en todos los campos de la Alta Magia Africana.

Su pasquín ofrecía ayuda para resolver todo tipo de problemas y dificultades por difíciles que sean: cualquier problema matrimonial, recuperar la pareja y atraer personas queridas, impotencia sexual, amor, negocios, suerte, judiciales, quitar hechizos, depresión y protecciones vida familiares, mantener puesto de trabajo, atraer clientes, etc.

Cualquier otra dificultad que tenga en el amor, lo soluciona inmediatamente con resultados positivos y garantizado al 100%

Todos los días de 8 a 22 H.

Terminaba el anuncio con la frase siguiente: "CONSULTAR CUALQUIER NECESIDAD"

He recordado  a los que deambulaban  por el oeste americano vendiendo jarabes milagrosos que curaban todo. También a los que suministraban pócimas, ungüentos y elixires en diversas obras culmen de nuestra excelsa literatura, incluso el famoso bálsamo de Fierabrás.

Me he acordado también de los "vendedores de crecepelo" y de los que han inventado dietas mágicas para adelgazar y de los promotores de aparatos revolucionarios que te musculan sin hacer otra cosa que ver la televisión tirado en el sofá rascándose lo que corresponda.

Ha venido igualmente a mi memoria, el ingenioso español que a mediados del pasado siglo, vendía latas con aire de España.

Y finalmente, he pensado en los vendedores de humo, que nos ilusionan y mienten, simplemente, para ganar al juego del escaño, en un "Quítate tú que me pongo yo", sin importarles "un silbato" quebrar la fe de los crédulos.

Los incultos creen en ilusionistas, tahúres, embaucadores, adivinadores del porvenir, sanadores, curadores del mal de amores y en toda una panoplia de oportunistas y vividores del sudor ajeno.

Cualquier cosa vale para extraer de las personas, la energía necesaria para vivir, al igual que lo hacen los depredadores de las sabanas, los desiertos y las selvas en el mundo salvaje.

Hay otros oportunistas, hábiles en el reparto de los naipes de la vida, que juegan con las cartas marcadas y succionan el producto del sudor de los inocentes: políticos vendedores de quimeras, banqueros de cláusulas suelo y comisiones vergonzantes, chorizos variados y carroñeros de mono o de cuello blanco, que de todo hay.

El Gran Ilustre Vidente Africano, no es más que un modesto aprendiz del arte de la supervivencia, que no ha pasado a mayor nivel, en uno de esos programas televisivos en los que un estrafalario calvo con coleta, anillo esotérico y voz sibilante, te saca el higadillo.

No dejan de ser, todos ellos, una especie de carteristas diplomados en el arte de la manipulación de los sentimientos que tal vez se forren con la miseria humana, pero que cuentan con mi desprecio.

Pienso en los políticos con su cohorte de malandrines, voceros, bufones y titiriteros, con coleta o con exultante flequillo rubio de marido de la Barbie y creo que de dejarme estafar por alguien, me inclinaría por el Gran Ilustre Africano, pues al menos, puede ser divertido.

Tal vez, el Gran Chamán Africano, tenga realmente poderes y me ayude a realizar mis secretos sueños: disfrutar más allá de los 90 años sin necesidad de viagra, cobrar la pensión hasta entonces, sentirme libre de injustas comisiones, multas de afán recaudatorio e impuestos al sol y que los depredadores sociales, desaparezcan del planeta, como estalla una pompa de jabón.

Pero me temo que no se me arregla. El Gran Chamán Africano, tal vez supiera embaucarme pero por muy grande, muy chamán y muy africano que sea, nunca podrá erradicar del planeta a sus competidores, como nunca podremos erradicar las ratas. Tendremos que controlarlas para que no proliferen demasiado y eso, solo se conseguirá con madurez, formación, criterio y compromiso social.


Mientras tanto, deberemos desahogarnos periódicamente, con expresiones contundentes y francamente, antes de decir una blasfemia, prefiero rumiar un sonoro "Manda huevos"




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sábado, 21 de enero de 2017

La nieve y yo

En estos días, medio España está aterida por grandes nevadas y he hecho memoria de mis aventuras y desventuras con la nieve.

Criado en Sevilla, tuve la suerte de conocer la nieve por primera vez en 1954. Tenía 7 años. Aquél día, Sevilla apareció con una fina capa nieve, que tachonaba de blanco el verde de sus jardines.

Tierra de jazmines, claveles, clavelinas, jacarandas, damas de noche, bouganvilleas e hibiscus, habíase transformado en una temporal, sorprendente y virginal, novia del frío.

Aquél hecho, se recordaría toda la vida en la ciudad. ¿Te acuerdas el día que nevó en Sevilla? Y los niños de entonces, recordaremos la efemérides, con las manos heladas haciendo un muñeco blanco que moriría poco después por la acción del sol de invierno.

Pasaron los años y se fue alejando el invierno del 54. La fecha de mi siguiente encuentro con la nieve, sería muy importante para la Humanidad.

El 21 de julio de 1969, recorrí el Parque Nacional de Ordesa, subí por la conocida "cola de caballo" y me dirigí al Monte Perdido, en los Pirineos. En su base, se encontraba un lago azul, un ibón entre montañeros. Estaba prácticamente congelado y era el auspicio de lo que me esperaba.

Miré al cielo y vi la mole que me esperaba. Subía dos pasos y la pedriza me desplazaba otro hacia abajo. Más arriba, la nieve me recibió en su seno y poco poco, hice mi primera conquista de montaña. Agotado y con una fuerte sensación térmica por efecto del viento, descendí a la base y volví al albergue de montaña. Tenía 22 años.

Ese mismo día, la televisión retransmitía la llegada del hombre a la luna. Oímos  emocionados la frase de Neil Armstrong: "It´s one small step for a man, one giant leap for mankid" (Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad).

Una primavera de 1977, quedé bloqueado por la nieve durante 19 horas, en el Páramo de Masa, entre Burgos y Santander. Aquél día, pasé frío y pavor. Finalmente, me salvé de morir congelado cuando en la madrugada fui rescatado por la Guardia Civil.

Años más tarde, tuve una nueva experiencia. Yo vivía en Melilla y hacía numerosas excursiones al desierto. Era un 19 de febrero de 1979 y la nieve cayó en el desierto del Sahara. Tenía 32 años.

Durante mi vida en Mauritania, había presenciado una lluvia tan colosal, que llegaron a formarse charcos. Lo que nunca pude imaginar, era 1ue años más tarde, vería el desierto, con una fugaz capa de nieve.

Desde entonces, viviendo en el norte de España, en una zona montañosa, he tenido esporádicos contactos con la nieve. Uno de ellos, fue pisar nieve en la playa del Sardinero de Santander, Era enero de 1985. Tenía 38 años.

Viví en las montañas de Canadá durante noviembre y diciembre de 2013 y nuevamente, tuve ocasión de saludar el gran frío blanco. Soporté entonces, temperaturas cercanas a - 40 º C.

Aterido de frío, regresé en autobús a Nueva York donde celebraría las Navidades con mi familia norteamericana. Aquél viaje debía durar 8 horas, pero permanecimos bloqueados durante toda la noche en la mitad de la autopista. Francamente, sentí miedo.

Un paseo por las frías calles de Nueva York, en Batery Park, junto al solar de las antiguas Torres Gemelas, me permitió ver preciosas esculturas de hielo. Aquél frío, me pareció un juego de niños.
                                   
                                       En el lago helado, al pie del Monte Perdido. Pirineos

                                                                Nieve en el Sahara

En las montañas de Canadá
                                                            Un ciervo en el paisaje
                                                           En una ventisca de Canadá
                                                        No sufrí solo las inclemencias



                               Sufrí el frío  y con las manos casi congeladas, saqué una secuencia
                               de fotos anodinas de un gato. Pero la paciencia dio su fruto y
                               finalmente, obtuve una imagen muy hermosa





                                           Jugando con el perro Quinoa con bolas de nieve



 Era un lago. Un lugar de baño y diversión en verano. El cartel señalaba el límite de la playa bajo
vigilancia y los horarios de servicio.  Estaba en hora, pero no en fecha de baño.




Símbolo inuit


miércoles, 18 de enero de 2017

El tío Fabián

Mi abuela paterna, murió por unas fiebres tifoideas por cuidar una hermana que también murió de dicha enfermedad. Una hermana de mi abuelo, ayudó en lo que pudo a su hermano y a sus 7 hijos huérfanos y de corta edad, deviniendo una segunda madre para ellos.

Esta señora, tenía a su vez tres hijos; dos normales y otro que no lo fue: el tío Fabián. No es que fuera un disminuido físico o psíquico, es que era todo un portento de la naturaleza. Creció, creció y siguió creciendo. Más tarde, siguió creciendo un poquito más, y llegó un momento, que se hizo un gigantón para aquella época con una fuerza descomunal.

Se hizo boxeador amateur y alcanzó fama internacional. Era tan bueno, que iba a ir a los JJOO de Berlín, representando a España en los pesos pesados. Lamentablemente, un boicot de la Segunda República a los Juegos Olímpicos de Berlín, le impidió ir. Un francés, al que él ya había noqueado anteriormente, ganó entonces la medalla de oro.

Una vez, como teniente, arrestó a un sargento un día en el calabozo. No le quedó más remedio que hacerlo. Aquél sargento se llamaba Fabián Vicente y era su padre.

De vuelta a casa el arrestado dijo: el sargento Vicente, ha asumido el arresto del teniente Vicente, pero el padre del teniente le va a dar una torta a su hijo. Aquella anécdota, corrió como la pólvora por todos los cuarteles de España.

Durante la guerra civil, padre e hijo, combatieron juntos.  Me contaba mi padre, entonces soldado que le vio en un desfile y le pidió que le llevara con él. Mi tío le dijo que no, porque iba a la batalla del Ebro e iba a ser una carnicería. No le faltaba razón.

Mi padre estuvo en la Batalla de Brunete. Afortunadamente, ni mi tío segundo Fabián, ni su padre, ni el mío ni los 4 hermanos de mi padre que combatieron con él en la guerra, perdieron la vida.

Acabada la guerra, mi tío fue el abanderado del equipo español de los JJOO de Londres, perteneciendo desde entonces, al selecto grupo de atletas españoles, que han tenido el gran honor de llevar la bandera de nuestra patria en la fiesta mundial del deporte.

Con los años, se licenció en Ciencias Químicas, entró en el Ejército del Aire y alcanzó el grado de General.

Antes de ello, ganó dos pleitos al Estado. Uno, para que el Ministerio le diera vez y media la asignación de tela para hacerse los uniformes, pues la talla media de los militares españoles de la época, nada tenía que ver con su físico. Otro, que tener un coche de mayor cilindrada que el legendario Seat 600, no significara para él pagar el impuesto de lujo. No fue especialmente complicado conseguirlo, cuando comprobaron que no cabía en aquél Seat y que no podía conducir limpiamente con sus largas piernas y encorvado, por la exigua altura del techo.

El tío Fabián, formó un equipo de pilotos deportivos que quedó campeón del mundo de acrobacia aérea.

Con el tiempo, creó la Federación Española de Lucha, promoviendo un deporte desconocido en España: el Judo.

El tío Fabián, era una leyenda en el boxeo de la época. Cada vez que había un acontecimiento boxístico importante, subía a saludar al cuadrilátero a saludar. Le vi en TV en blanco y negro, en diversos combates de Carrasco, Legrá, o Urtáin, con título continental o mundial en juego.

Muchos de los boxeadores, habían aprendido sus primeros pasos, leyendo publicaciones de boxeo de mi tío.

En 1978, me hizo una visita a Santander. Era la primera vez que le veía en persona. Le di la mano y me desapareció en la suya. Luego, me abrazó y me perdí en su enorme humanidad, como cuando un adulto abraza un bebé.

Fue una jornada única y memorable. recuerdo que cuando atravesaba una puerta, debí agacharse enormemente. Era una gran persona, en lo físico y en lo humano.

Le abracé emocionado cuando se despidió. Le vi marchar largamente y tardó en hacerse pequeño.

Fue la única y última vez que estuve con la leyenda de mi familia.




Fabián Vicente del Valle (1912-1993)

       Fabián del Valle nació el 28 de octubre de 1912 en Salamanca y falleció en Madrid el 10 de septiembre de 1993.

Se licenció en Ciencias Químicas y se inició en el boxeo en 1932, destacando en este deporte con dieciséis combates y trece victorias por K.O. o por inferioridad manifiesta del adversario.

     Fue Campeón de España varios años y fue seleccionado para los Juegos Olímpicos de 1936 celebrados en Berlín en los que, finalmente, España no participó aunque fue el abanderado español en la ceremonia de apertura en el estadio de Wembley en los Juegos Olímpicos de Londres en 1948. Tiempo después ayudó a difundir y asentar en nuestro país el emergente deporte del judo que en aquellos momentos todavía no estaba incluido en el calendario de los Juegos Olímpicos de verano y organizó los Campeonatos de Europa de judo que se celebraron en Barcelona en 1958. Finalmente concluyo su carrera deportiva y olímpica como presidente de la Federación Española de Lucha (1968-1971) siendo a la vez miembro del Comité Olímpico Español. Paralelamente se describe su trayectoria como militar en relación a otros deportes, la educación física y la enseñanza.      
    Durante la Guerra Civil luchó en el bando nacional y tras el conflicto desempeñó diversos cargos oficiales promocionando y protegiendo el deporte. Julio Poncela cuenta que Fabián era alférez de complemento en la Guerra Civil Española, y su padre su sargento; ambos hicieron parte de la guerra juntos en el frente del asedio a Madrid en el año 1937. Luego, después de la guerra, volvieron a estar en contacto y cuando Fabián fue Presidente de la Federación Española de Lucha, Agustín Aznar lo fue de la de Judo y nombró a su padre Presidente de la Federación Vasco Navarra de Lucha.
     En 1947, en unión de Franco Sarabia,San Bartolomé y otros aficionados al judo, organiza en España este deporte, y crea la primera organización directiva del mismo, con don Agustín Ripoll, entonces presidente de la Federación Española de Lucha. Poco después trae a España el primer profesor japonés de judo, 6º Dan Mizuno. Fabián del Valle tiene el título de profesor de Educación Física de Toledo.     
    Es autor de los libros de defensa personal y de técnica de boxeo y creador de un guante de boxeo, modelo oficial en varios países.
    Murió en Madrid el 10 de septiembre de 1993. Siendo General retirado del Ejército del Aire. Químico. Técnico Superior de Seguridad. Profesor de Educación Física. Exmiembro del Consejo Superior de Deportes. Cruz y Plaza de San Hermenegildo y Diversas condecoraciones militares de Guerra Nacionales y Extranjeras.















martes, 17 de enero de 2017

Sueños amarillos

Los afanes de viaje, han llevado mis huesos y mi colesterol por medio mundo. Europa, África y el Norte de América, han sido mis destinos usuales.

Hay una asignatura pendiente: el Extremo Oriente. En especial y por el momento, la Península de Indochina.

Por razones históricas, de belleza y de exotismo, me siento atraído especialmente por Vietnam, sin desdeñar otros destinos de la región.

Tengo una gran capacidad de adaptación a climas, alturas y accidentes geográficos. También a las distintas culturas de los pueblos del mundo y creo, que podré adaptarme a un nuevo ambiente de humedad, calor, superpoblación e incluso a situaciones de claustrofobia.

Ansío visitar el norte de Vietnam y conocer sus ancestrales etnias, junto a la frontera china, pasear por sus montañas y ver el maravilloso espectáculo de los campos de arroz en bancales. Me seduce también entrar en las casas de sus habitantes y comprobar in situ, sus formas de vida.

Ver al héroe de la revolución vietnamita y disfrutar de los templos budistas, son visitas de interés, pero no creo que me sublime emocionalmente por ello, aunque quién sabe.

Sé pisar gruesas alfombras en hermosos palacios y museos, pero me gusta aún más, por el momento, pisar el barro de la vida y los escenarios auténticos, así como comer con los humos del camino, aunque estén exentos de servilletas de hilo y cubertería de plata.

Prefiero ver un mercado flotante sobre las aguas del Mekong e inundar mis retinas de los colores de la vida y sentir el embrujo de la majestuosa bahía de Halong, a bordo de un sampan, buscando entre la niebla, los paisajes de la belleza asiática.

Un paseo por el Río de los Perfumes, me parecerá una romántica aventura y una visita a la Ciudadela Imperial, me retrotraerá a la historia de este exótico país.

Alternar la dulzura de oriente, con historia y paisajes lentos, con momentos de acción, será para mi un nuevo recuerdo de futuro. Montar en un búfalo de agua y si fuera posible, en un elefante, puede ser emocionante.

Entrar en los túneles de los guerrilleros en su lucha por la independencia, usados en la guerra contra los franceses y los norteamericanos, sería emocionante. No por ello, obviaría un cierto agobio, moviéndome en estrechos y profundos pasadizos hechos a medida de los vietnamitas, impidiendo el acceso a la corpulencia de los soldados occidentales.

Entrar en la Camboya de los Kjemeres rojos de Pol Pot, puede generar escalofríos por el terror de la brutalidad habida. La imagen de miles de calaveras acumuladas en grandes almacenes, puede sobrecoger el alma del visitante, de igual modo que una visita a un campo de exterminio nazi durante la "Segunda gran Guerra"

Ver los famosos templos de las regiones del Bayón y de Ta Prohm, pueden dejar en mis retinas, un mundo imborrable, antes de subir de nuevo al aire y transportarme a mi hogar, mi rincón de la verdad y el amor de mi tierra.

Un hogar que es mi vida y mi querencia, donde sueño los caminos, reposo las emociones vividas y escudriño mapas y libros, en busca de otro mundo diferente.

















El maridito

No se equivoque el lector; no voy a hablar de un marido bajito, sino de un calientacamas.

El calientacamas o maridito, era un minibrasero, generalmente de cobre, en el que se introducían brasas de carbón, con el fin de calentar las camas antiguas.

Pongámons en situación:

Finales del XIX o principios del XX. Casas antiguas de gruesos muros de arena, sin calefacción, sombrías y húmedas. Camas de colchones de lana, sábanas de hilo, frías y humedecidas por el ambiente.

En esas condiciones, meterse en la cama era todo un sobresalto, hasta conseguir la temperatura adecuada para dormir plácidamente.

El calentador de camas, resolvía el problema. Depositado sobre la cama, era paseado por toda la sábana bajera con su largo mango de madera, hasta dejarla hecha "un amor de sueño".

Por alguna razón que desconozco, las mujeres suelen tener el cuerpo helado; especialmente los pies y las manos. Tal vez, sea su fina y delicada piel o que no suelen tener a actividad física de nosotros, "los peludos".

Los maridos, somos excelentes termos vivientes durante el invierno y somos usados en la cama, al menos durante la primera hora de reposo nocturno, con tal finalidad. De ahí que dada nuestra utilidad térmica, el antiguo calientacamas, fuera apodado el maridito.

Hay un libro titulado "Para qué sirve un marido". No he tenido el placer de leerlo, pero me pregunto, si además de las funciones sentimentales, biológicas, logísticas, defensivas y económicas, incluye nuestras posibilidades termodinámicas.

Esta tarde, se espera la llegada de una ola de frío. El viento polar, nos sumirá en un ambiente glacial. Dado que los mariditos ya son solo una pieza de museo, muchas mujeres, aprovecharán el calor natural de sus parejas peludas.

Es en este momento, cuando viene a cuento la frase "Pórtate mal y te lo pasarás mal"  La estrofa de una canción de Emilio el Moro decía así: "Se mueven los maizales, pronto aumentará la parroquia.

Será bueno comprobar si el indice de natalidad aumenta. Los bebés, del verano, serán los hijos del invierno. Septiembre puede ser un mes glorioso





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sábado, 14 de enero de 2017

Todo natural. Capítulo 4. El mito del buen salvaje

Nacemos por millones, pasamos un segundo en la eternidad del planeta y desaparecemos de la faz de la tierra.

Algunos creemos en la reencarnación o en un paraíso en la eternidad. Sin embargo, todos queremos distinguirnos del conglomerado de seres que conformamos la Humanidad y pretendemos alargar nuestro segundo de paso.

Muchos nos cuidamos y al tiempo, queremos disfrutar de las ventajas que nos proporciona lo que nosotros entendemos como el progreso.

No hay suficientes materias primas naturales para todos, en un planeta superpoblado y sobreexplotado.

Por otro lado, la vida moderna nos ofrece los adelantos tecnológicos en todas sus facetas: alimentación, transporte, cuidado personal, abrigo, alojamiento,... Todo se rige por la química y si vamos un poco más allá, podemos afirmar que todo lo gobiernan las matemáticas.

Amamos lo que significa naturaleza, pero la maltratamos, hipotecando el futuro de nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos. Creemos que el mundo nos pertenece, cuando somos nosotros quienes les pertenecemos.

Queremos tener buena presencia, estar bien vestidos, comer bien, tener una buena casa, estar sanos, viajar,... y todo esto lo conseguimos gracias a la química.

Ya lo he mostrado en los tres capítulos anteriores, dedicados al aseo, el abrigo y la alimentación.

Tenemos idealizado el mundo natural y auténtico y está bien como meta. Pero no podemos sustraernos a los adelantos que nos hacen una vida más fácil, segura y longeva. Pensamos en los abrigos naturales, en alimentos con sabores auténticos, de cadena corta carentes de aditivos, y en el bienestar y la salud.

Pero si queremos abrigarnos; si deseamos comer todos los días y si queremos ver paisajes lejanos, debemos vivir en el siglo XXI. Con todas sus consecuencias; con toda intensidad, porque el tiempo de vida, se ha alargado mucho, pero sigue siendo un segundo.

Eso sí, debemos seguir unas prudentes pautas de vida: no ser consumidores extremos, diversificando el uso de los bienes y servicios a nuestro alcance y no usar elementos químicos innecesarios, que muchas veces, solo valen para presentarse ante nuestros ojos, incentivar el consumo y dar a ganar a fabricantes con egoístas intereses.

Si quieres vivir el mito del buen salvaje, deberías renunciar a la inmensidad alimentaria, vestir sólo, pieles, lana y algodón, renunciar a los viajes, rechazar la anestesia en una intervención quirúrgica o rascarte la sarna sin poder tratarla con medicinas.

Si vives en Robinson Crusoe, tendrás sarro, perderás los dientes, olerás a podrido y vivirás menos años.

Es verdad que la alimentación moderna es excesivamente sofisticada, pero siempre será mejor comer con aditivos controlados, que alimentarte con grasas rancias o embutidos con toxina botulínica, por ejemplo.

En España ingerimos cada año, mas de 100,000 millones de platos (60 millones entre habitantes y turistas por 5 platos día y 365 días) y apenas hay toxi e intoxicaciones. Solo nos falta tener mejores hábitos de nutrición, evitando alcoholismo, grasa saturadas, excesos de sal y de azúcares, fundamentalmente.

En la vida natural, todos los alimentos se pueden comer, aunque a veces, solo una vez. Si no, vete al campo, querido lector, recolecta setas Amanitas phaloides, y cómetelas. Será lo último que hagas en este mundo.

Vivimos más y mejor. gracias a la física, la química y las matemáticas.

Si tengo suerte, moriré anciano y tal vez, sin dolor. Habré disfrutado del mundo y vivido todo lo natural que la inteligencia y las circunstancias me lo permitan. Ser "Todo natural", es un sueño, una quimera, una temeridad.


Termina aquí la serie "Todo natural"












Un gorrión en la niebla

Hace frío, mucho frío, en la piel y en el alma. Me siento como en un tren, al final de unas vías cortadas en la mitad de la nada.

Sólo un páramo vacío, blanco por la nieve, hermosa, traicionera, sobrecogedora. Sé que no puedo quedarme en el aterrador paisaje, so pena de perder el pulso de la vida, con la sangre congelada.

Miro atrás y sólo veo un paisaje borrado por el blanco frío. Ni una voz, ni un ruido que quiebre el silencio, solo yo, perdido en la nieve. Ni una mano, ni una mirada, ni una sonrisa, solo yo, en la inmensidad de tierras de lobos.

Poco a poco, la bruma de la madrugada que ciega mis ojos, huye ante los primeros rayos del sol y paulatinamente, veo la luz de la esperanza.

Sigo con la mirada unas diminutas pisadas en la nieve. Un aterido gorrión, salta y camina por las "sólidas aguas del frío" buscando un atisbo de energía que no encuentra.

Me inunda la ternura de la belleza sencilla y mis lágrimas quedan prisioneras en las mejillas, como perlas de hielo.

El silbido de un ave de presa alerta mis oídos. Mi respiración echa vaho al éter, como una vieja locomotora en el agreste invierno

Me llega olor a fuego y siento la cercanía de un hogar. No sé dónde,  pero en alguna parte, hay calor para mi piel.

Veo, oigo, huelo, respiro, siento, ..., estoy vivo y tengo ganas de vida.

La luz vence la bruma y veo una casa de madera y piedra. Está hecha de materiales nobles, sencillos y duraderos.

Mis nudillos suenan en la puerta y la hospitalidad se abre. El fuego, rojo y azul, crepita y calienta.

Rozo unas manos que me ofrecen una taza de café caliente. Siento una vida. Noto calor en mi cuerpo. Me embarga el sosiego. Me reconforta el alma. Me vuelve la esperanza y sonrío ante la luz que ilumina mi cara.

Pero solo ha sido un sueño.  El sol ha vencido las tinieblas, pero mi piel está fría y mi corazón late muy lentamente.

Estaba en un tren sin vías y un camino de nieve blanca me mostraba un horizonte sin certeza.