La jubilación viene de júbilo. Al principio, no lo tenía claro y temía que mi nueva situación personal, al finalizar mi vida activa, significara tedio, abandono, soledad y depresión.
Llenaba tanto mi vida, con el trabajo y con los hijos en el hogar, que temía encontrarme ante un vacío de vida.
Los hijos volados y el trabajo pasado, me enfrentaban a un incierto estatus personal. Tenia miedo al reloj, la apatía, el desconcierto y el abandono personal.
Poco a poco, me he adaptado a mi nueva situación, borrando de mi vida, en lo posible, las obligaciones innecesarias, sintiéndome progresivamente, más integrado en la Naturaleza..
No puedo abstraerme totalmente, de la regulación de la sociedad. Cuando conduzco, cumplo las señales de tráfico; cuando compro, he de adaptarme a los horarios; cuando me relaciono con los demás, respeto las normas básicas de educación y urbanidad.
Pero lo que más respeto y valoro, son las leyes de la Naturaleza. Sigo, casi siempre, mi reloj biológico.
Todos los días de la semana, son domingos. Cuando tengo hambre como; si tengo sueño duermo; si me apetece trasnochar, lo hago y así, cualquier actividad o dejadez, con el privilegio de la libertad conquistada.
Salvando las diferencias, me siento como un simio en la selva, respetando la jerarquía del grupo, obedeciendo los instintos de supervivencia y disfrutando errante, de la belleza de la vida.
Guardo un equilibrio entre libertad, dignidad, amor, compromiso y civilización. Me desprendo de prejuicios y tabúes; me olvido para siempre del "qué dirán"; me resbalan los convencionalismos; desprecio las mentiras de decir y de vivir; abandono el dios del dinero, por el del tiempo, el amor y la salud.
En definitiva, soy más sencillo, más honesto, más auténtico y más libre.
Soy como un cohete en el espacio, que va desprendiéndose de lo ya inservible en las distintas fases del lanzamiento, hasta quedarme en la cápsula indispensable.
Ello requiere una evolución que sigo aceleradamente. Cada vez, me queda menos vida y por ello, no tengo tiempo que perder. Disfruto como nunca, el sabor de la vida, los aromas del camino, los colores del paisaje, los besos del amor, las caricias de la amistad y las sonrisas de los compañeros de mi tiempo.
No concedo reloj a las envidias, a los rencores, a las discusiones inútiles o a los superfluos de la sociedad, que pierden sus energías en caminos sin salida.
Libre y con el oro de mi tiempo de vida, me importa muy poco un mezquino "Sálvame", una pirámide de noticias sobre noticias intrascendentes de deportes, cualquier programa o actividad, que no aporte realmente valores a mi persona.
Como el "cabreo mata", procuro no enfadarme. Como la superficialidad dispersa, huyo de lo fatuo. Como la gilipoyez abotarga, busco sensatez e inteligencia.
Todos mis días son domingos. Todos mis momentos deben ser felices, hermosos, honestos, limpios y libres.
Esto significa para mí, la libertad conseguida.
domingo, 17 de enero de 2016
viernes, 15 de enero de 2016
Mi mundo entre mujeres. Capítulo 15. "Mi amiga Aiwa"
En la época mas sangrante del racismo, los blancos solían decir que:
"Las negras son para trabajar;
las mulatas son para hacer el amor;
las blancas son para casarse"
Los negros a su vez, decían:
"También la vaca negra, da leche blanca"
Los mestizos se consideran a menudo, excluidos de los mundos de su progenitores; en algunos casos, odian su condición y son crueles con los indios o los negros de los que en parte proceden.
A veces, se ha puesto en cuestión la actitud de nuestros antepasados con los indios americanos, acusándoles no sólo de destruir culturas indígenas, sino también, de haber vulnerado los derechos fundamentales, de cualquier ser humano.
Cuando las naciones centro y sudamericanas, se independizaron de España, fueron mestizos o criollos, los que mayoritariamente, tomaron el poder, siendo bastante más crueles con quienes les habían conferido parte de su origen nativo que eventualmente, lo hubieran sido nuestros antepasados.
En África, las diferentes etnias africanas, son muy racistas entre ellas. La división artificial del Continente, atendiendo a intereses espúreos de las potencias colonizadoras, dividió pueblos y los mezcló con otros, provocando o agudizando los graves problemas inter- étnicos.
Incluso entre mestizos, existen a veces diferentes consideraciones, atendiendo a la intensidad del color de su piel, no siendo extraño que los más oscuros, llamen a los otros "desteñidos"
Durante mi estancia en Mauritania, conviví con diferentes etnias del país, en el que dicho sea de paso, aunque esté prohibida y oficialmente no exista, persiste la esclavitud.
En la empresa donde trabajaba, había una mestiza encantadora. Se llamaba Aiwa. Creo recordar, que su madre era suiza y su padre maliense. Era hermosa, dulce y buena persona.
A menudo, sufría los malos modos del gerente de la empresa, pues había vivido muchos años en la antigua Guinea Española, hoy Guinea Ecuatorial y se había impregnado de un comportamiento ajeno al respeto de los seres humanos.
Quien desee comprender aquél ambiente, puede ver un hermoso film sobre la vida de los españoles en aquél país: "Palmeras en la nieve" y que recomiendo expresamente.
Volviendo a Mauritania, Aiwa tenía tendencia a vivir con los de su lado negro y no con los de su lado blanco.
Sin embargo, mantenía una gran amistad con mi amiga Marie Claude, a la que ya he dedicado un artículo de esta serie, titulado "La normanda"
Los sentimientos suelen ser correspondidos. Aiwa fue para mí, un ser humano, independientemente de su tono de piel. Nos teníamos bastante afecto y simpatía, pues era blanco, pero nunca la marginé por el color de su piel.
Conservo de ella, una preciosa tela africana que ella tiñó a mano para mí. Periódicamente, abro el baúl de los recuerdos y saco de él objetos de mi historia personal. Impregno mis sentidos de ellos. Tacto, olor y color, evocan una pasada vivencia y me unen emocionalmente con alguien de mi tiempo perdido.
Cuando despliego la tela y veo los colores, me parece ver la sonrisa de Aiwa y me inspira la ternura de una amiga que nunca volveré a ver.
Aiwa, estaba muy delicada del corazón y en caso de crisis, no tenía posibilidades de supervivencia en aquél país.
Aiwa, murió hace ya 4 décadas. Sólo fue mi amiga, pero bien puede aplicarse el siguiente proverbio:
"La mujer de la que se enamora un poeta, nunca morirá"
Por esta razón, Aiwa figura en la serie de artículos, titulada: Mi mundo entre mujeres
Nota del autor: incluiré cuando sea posible en este artículo, una fotografía de Aiwa y otra de su preciosa tela
"Las negras son para trabajar;
las mulatas son para hacer el amor;
las blancas son para casarse"
Los negros a su vez, decían:
"También la vaca negra, da leche blanca"
Los mestizos se consideran a menudo, excluidos de los mundos de su progenitores; en algunos casos, odian su condición y son crueles con los indios o los negros de los que en parte proceden.
A veces, se ha puesto en cuestión la actitud de nuestros antepasados con los indios americanos, acusándoles no sólo de destruir culturas indígenas, sino también, de haber vulnerado los derechos fundamentales, de cualquier ser humano.
Cuando las naciones centro y sudamericanas, se independizaron de España, fueron mestizos o criollos, los que mayoritariamente, tomaron el poder, siendo bastante más crueles con quienes les habían conferido parte de su origen nativo que eventualmente, lo hubieran sido nuestros antepasados.
En África, las diferentes etnias africanas, son muy racistas entre ellas. La división artificial del Continente, atendiendo a intereses espúreos de las potencias colonizadoras, dividió pueblos y los mezcló con otros, provocando o agudizando los graves problemas inter- étnicos.
Incluso entre mestizos, existen a veces diferentes consideraciones, atendiendo a la intensidad del color de su piel, no siendo extraño que los más oscuros, llamen a los otros "desteñidos"
Durante mi estancia en Mauritania, conviví con diferentes etnias del país, en el que dicho sea de paso, aunque esté prohibida y oficialmente no exista, persiste la esclavitud.
En la empresa donde trabajaba, había una mestiza encantadora. Se llamaba Aiwa. Creo recordar, que su madre era suiza y su padre maliense. Era hermosa, dulce y buena persona.
A menudo, sufría los malos modos del gerente de la empresa, pues había vivido muchos años en la antigua Guinea Española, hoy Guinea Ecuatorial y se había impregnado de un comportamiento ajeno al respeto de los seres humanos.
Quien desee comprender aquél ambiente, puede ver un hermoso film sobre la vida de los españoles en aquél país: "Palmeras en la nieve" y que recomiendo expresamente.
Volviendo a Mauritania, Aiwa tenía tendencia a vivir con los de su lado negro y no con los de su lado blanco.
Sin embargo, mantenía una gran amistad con mi amiga Marie Claude, a la que ya he dedicado un artículo de esta serie, titulado "La normanda"
Los sentimientos suelen ser correspondidos. Aiwa fue para mí, un ser humano, independientemente de su tono de piel. Nos teníamos bastante afecto y simpatía, pues era blanco, pero nunca la marginé por el color de su piel.
Conservo de ella, una preciosa tela africana que ella tiñó a mano para mí. Periódicamente, abro el baúl de los recuerdos y saco de él objetos de mi historia personal. Impregno mis sentidos de ellos. Tacto, olor y color, evocan una pasada vivencia y me unen emocionalmente con alguien de mi tiempo perdido.
Cuando despliego la tela y veo los colores, me parece ver la sonrisa de Aiwa y me inspira la ternura de una amiga que nunca volveré a ver.
Aiwa, estaba muy delicada del corazón y en caso de crisis, no tenía posibilidades de supervivencia en aquél país.
Aiwa, murió hace ya 4 décadas. Sólo fue mi amiga, pero bien puede aplicarse el siguiente proverbio:
"La mujer de la que se enamora un poeta, nunca morirá"
Por esta razón, Aiwa figura en la serie de artículos, titulada: Mi mundo entre mujeres
Nota del autor: incluiré cuando sea posible en este artículo, una fotografía de Aiwa y otra de su preciosa tela
Mi mundo entre mujeres. Capitulo 14. "Una sueca en París"
En los años 60, se hizo famosa la Costa del Sol.
Mientras los españoles emigraban a Europa en busca de trabajo, los extranjeros venían a España en busca de sol.
Por aquella época, las españolas aún usaban fajas de ballenas y púdicos bañadores con falditas.
Recuerdo, que en Sevilla había una piscina pública, con horarios femeninos y masculinos. Una vez, cumplido el turno de baño femenino, el encargado de la piscina, dijo la siguiente frase:
¡Señoritas, salgan de la piscina, que voy a soltar los machos!
En aquélla época, para ver unas caderas femeninas, había que ir al Café La Plata, en la calle del Tubo, en Zaragoza, a la Varieté del Addy Ventura o al teatro de Manolita Chen, pues aún no se había iniciado el "destape"en España, ni se proyectaban películas de "arte y ensayo"
Años más tarde, dos hermosas jóvenes españolas, harían su agosto enseñando mucha piel en las portadas de las revistas y en las películas. Un irónico columnista, refiriéndose a ellas, las diferenciaba con el siguiente comentario:
Blanca es la que a veces se desnuda y Susana, es la que a veces se viste"
No es de extrañar, que la llegada de nórdicas con biquinis a la Costa del Sol, revolucionara las huestes masculinas de nuestro país.
Se fletaban autobuses de machos del interior, que acudían a la Costa del Sol, con boina y moreno agrario, exclusivamente, para ver las "suecas" en biquini.
José Luis López Vázquez y Alfredo Landa, inmortalizaron aquella época, con películas un poco sonrojantes.
No es de extrañar, que se creara el mito de "Las suecas" en España y que en los países del norte, se creara el del "Macho ibérico".
De hecho, igual que en Cuba se acuñó el término de las "Jineteras", en Canarias, se creó el término" Bananas boys"
Cuando salí de la reprimida España, para realizar estudios de postgrado, en la Francia de Mayo del 68, me enfrenté en plena juventud, a un mundo de libertad desconocido para mí.
Durante la visita a un centro oficial, conocí a una sueca que estaba de becaria en la Cámara de Comercio en París. Atrevido yo, la invite a salir por la tarde y aceptó.
En mis años de estudiante universitario en Córdoba, debíamos ir a clase y al comedor, con chaqueta y corbata. Además, yo tenía fama de pijo, entre mis compañeros.
Pero estaba en Francia y me sentía liberado de muchas normas. Acudí a la cita en vaqueros, con una camisa de cuadros y un jersey de marinero, que usaba cuando salía en un barco de pesca.
Ingrid fue con traje de chaqueta, una especie de bombonera en la cabeza y guantes de terciopelo. Me sentí incómodo por el contraste, pero la tarde transcurrió hermosa y nada que ver con el tópico ibérico.
Recuerdo su impecable actitud y su esmerada educación. Tuve a mi lado, una joven recatada, seria y deliciosa.
Años más tarde, ya en Mauritania, conocí un joven matrimonio sueco con los que pasé jornadas entrañables. Conservo su contacto 43 años después. Guardo excelentes recuerdos de ellos, a pesar de que nunca pude ganar a Hans, ni al ajedrez ni al bádminton.
Con los años, los españoles nos liberamos de muchos tópicos, prejuicios y corsés,alejándonos a marchas forzadas, de aquélla España cañí, aunque lamentablemente, creo que hemos perdido también, un respeto, un sentido por la estética y un saber estar, que no volverán.
Mientras los españoles emigraban a Europa en busca de trabajo, los extranjeros venían a España en busca de sol.
Por aquella época, las españolas aún usaban fajas de ballenas y púdicos bañadores con falditas.
Recuerdo, que en Sevilla había una piscina pública, con horarios femeninos y masculinos. Una vez, cumplido el turno de baño femenino, el encargado de la piscina, dijo la siguiente frase:
¡Señoritas, salgan de la piscina, que voy a soltar los machos!
En aquélla época, para ver unas caderas femeninas, había que ir al Café La Plata, en la calle del Tubo, en Zaragoza, a la Varieté del Addy Ventura o al teatro de Manolita Chen, pues aún no se había iniciado el "destape"en España, ni se proyectaban películas de "arte y ensayo"
Años más tarde, dos hermosas jóvenes españolas, harían su agosto enseñando mucha piel en las portadas de las revistas y en las películas. Un irónico columnista, refiriéndose a ellas, las diferenciaba con el siguiente comentario:
Blanca es la que a veces se desnuda y Susana, es la que a veces se viste"
No es de extrañar, que la llegada de nórdicas con biquinis a la Costa del Sol, revolucionara las huestes masculinas de nuestro país.
Se fletaban autobuses de machos del interior, que acudían a la Costa del Sol, con boina y moreno agrario, exclusivamente, para ver las "suecas" en biquini.
José Luis López Vázquez y Alfredo Landa, inmortalizaron aquella época, con películas un poco sonrojantes.
No es de extrañar, que se creara el mito de "Las suecas" en España y que en los países del norte, se creara el del "Macho ibérico".
De hecho, igual que en Cuba se acuñó el término de las "Jineteras", en Canarias, se creó el término" Bananas boys"
Cuando salí de la reprimida España, para realizar estudios de postgrado, en la Francia de Mayo del 68, me enfrenté en plena juventud, a un mundo de libertad desconocido para mí.
Durante la visita a un centro oficial, conocí a una sueca que estaba de becaria en la Cámara de Comercio en París. Atrevido yo, la invite a salir por la tarde y aceptó.
En mis años de estudiante universitario en Córdoba, debíamos ir a clase y al comedor, con chaqueta y corbata. Además, yo tenía fama de pijo, entre mis compañeros.
Pero estaba en Francia y me sentía liberado de muchas normas. Acudí a la cita en vaqueros, con una camisa de cuadros y un jersey de marinero, que usaba cuando salía en un barco de pesca.
Ingrid fue con traje de chaqueta, una especie de bombonera en la cabeza y guantes de terciopelo. Me sentí incómodo por el contraste, pero la tarde transcurrió hermosa y nada que ver con el tópico ibérico.
Recuerdo su impecable actitud y su esmerada educación. Tuve a mi lado, una joven recatada, seria y deliciosa.
Años más tarde, ya en Mauritania, conocí un joven matrimonio sueco con los que pasé jornadas entrañables. Conservo su contacto 43 años después. Guardo excelentes recuerdos de ellos, a pesar de que nunca pude ganar a Hans, ni al ajedrez ni al bádminton.
Con los años, los españoles nos liberamos de muchos tópicos, prejuicios y corsés,alejándonos a marchas forzadas, de aquélla España cañí, aunque lamentablemente, creo que hemos perdido también, un respeto, un sentido por la estética y un saber estar, que no volverán.
jueves, 14 de enero de 2016
Mi mundo entre mujeres. Capítulo 13. "El beso de la alemana"
Tenía pantalones cortos y me encantaba jugar a las canicas. La bolsa de bolas de cristal, era mi preciado tesoro.
Entre mis compañeros de canicas y de peonzas, estaban Ovidio y Gonzalo. El padre de Ovidio, no levantaba más allá de 1,55 m, pero paseaba orgulloso con su mujer que le sacaba la cabeza.
Yo aún no andaba a mozas, pero tenía la suficiente picardía, para imaginar la situación que me callo.
Pasados los años, Gonzalo, marchó a Francia, donde se hizo director de cine. La sorpresa de los vecinos, fue verle con una guiri de al menos 1,90 m, que llevaba a mi amigo con el brazo sobre sus hombros y un bebé en el otro, dominando el dúo desde las alturas.
Años más tarde, yo también marché a Francia para hacer estudios de postgrado. Iba por todos los puertos de pesca del país, visitando fábricas de pescado, piscifactorias y todo tipo de actividades del sector.
En mi visita a Marsella, embarqué en una lancha de vigilancia costera, que controlaba, entre otras cosas, la pesca ilegal.
El mar estaba agitado y las náuseas se adueñaron de mi. Al gran malestar, se añadió la vergüenza de presenciar la detención de un pesquero español, por faenar ilegalmente, en aguas jurisdiccionales francesas.
Ya en tierra, me dirigí a un comedor universitario, pues en ellos podía comer barato y contactar con estudiantes de muchos países.
Coincidí en una de las mesas, con Helga, una alemana de Hannover, ciudad que conocía, pues había visitado su famosa Escuela de Veterinaria. Era una gran mujer, en el sentido literal de la palabra, pues medía casi dos metros.
Dimos cuenta de una sabrosa sopa de pescado típica de la zona y luego, paseamos por el puerto de Marsella.
Estaba tan encantado como impresionado, ante semejante mujer. Éramos una pareja muy dispareja, pues juntos, parecíamos el signo de admiración y yo era el punto. Era tan grande como dulce y hablaba un excelente francés, con un fuerte acento teutón.
Caída la tarde me acompañó a la estación de tren, pues debía viajar a París, para continuar mi formación.
Para despedirse, me rodeó el cuello con un brazo, alzándome casi de puntillas, al tiempo que se agachó para darme un beso. Sentí ternura y bochorno.
Mientras el tren cabalgaba hacia la Ciudad de la luz, recordé las escenas de mis amigos de infancia.
No supe si alegrarme por el fugaz beso o lamentar mi ridículo. Entonces. pensé en una vieja expresión popular:
"Demasiado arroz, para tan poco pollo".
Cerré los ojos, esbocé una pícara sonrisa y me entregué al sueño del camino.
Entre mis compañeros de canicas y de peonzas, estaban Ovidio y Gonzalo. El padre de Ovidio, no levantaba más allá de 1,55 m, pero paseaba orgulloso con su mujer que le sacaba la cabeza.
Yo aún no andaba a mozas, pero tenía la suficiente picardía, para imaginar la situación que me callo.
Pasados los años, Gonzalo, marchó a Francia, donde se hizo director de cine. La sorpresa de los vecinos, fue verle con una guiri de al menos 1,90 m, que llevaba a mi amigo con el brazo sobre sus hombros y un bebé en el otro, dominando el dúo desde las alturas.
Años más tarde, yo también marché a Francia para hacer estudios de postgrado. Iba por todos los puertos de pesca del país, visitando fábricas de pescado, piscifactorias y todo tipo de actividades del sector.
En mi visita a Marsella, embarqué en una lancha de vigilancia costera, que controlaba, entre otras cosas, la pesca ilegal.
El mar estaba agitado y las náuseas se adueñaron de mi. Al gran malestar, se añadió la vergüenza de presenciar la detención de un pesquero español, por faenar ilegalmente, en aguas jurisdiccionales francesas.
Ya en tierra, me dirigí a un comedor universitario, pues en ellos podía comer barato y contactar con estudiantes de muchos países.
Coincidí en una de las mesas, con Helga, una alemana de Hannover, ciudad que conocía, pues había visitado su famosa Escuela de Veterinaria. Era una gran mujer, en el sentido literal de la palabra, pues medía casi dos metros.
Dimos cuenta de una sabrosa sopa de pescado típica de la zona y luego, paseamos por el puerto de Marsella.
Estaba tan encantado como impresionado, ante semejante mujer. Éramos una pareja muy dispareja, pues juntos, parecíamos el signo de admiración y yo era el punto. Era tan grande como dulce y hablaba un excelente francés, con un fuerte acento teutón.
Caída la tarde me acompañó a la estación de tren, pues debía viajar a París, para continuar mi formación.
Para despedirse, me rodeó el cuello con un brazo, alzándome casi de puntillas, al tiempo que se agachó para darme un beso. Sentí ternura y bochorno.
Mientras el tren cabalgaba hacia la Ciudad de la luz, recordé las escenas de mis amigos de infancia.
No supe si alegrarme por el fugaz beso o lamentar mi ridículo. Entonces. pensé en una vieja expresión popular:
"Demasiado arroz, para tan poco pollo".
Cerré los ojos, esbocé una pícara sonrisa y me entregué al sueño del camino.
martes, 12 de enero de 2016
El cumpleaños
Hace ahora un año, que publiqué el primer artículo de mi blog y es una buena ocasión para hacer un balance del trabajo:
Número de entradas en el blog: 15,386
Media de entradas diarias: 42,15
Número de países en los que se ha leído el blog: 55
Países con mayor número de entradas (De mayor a menor): España, Estados Unidos, Australia, Rusia, Francia, Suiza, Bosnia, Marruecos y México
Artículos más leídos:
Presentación del blog
Norteamérica. Capítulo segundo. La boda. 5 octubre 2015
Una saga hermosa. 17 febrero 2015
¿Qué quieren las mujeres? 5 septiembre 2015
La vaca que sabía demasiado. 1 octubre 2015
Bosnia. 8ª parte. Banja Luka. 10 julio 2015
El beso de la pastora. 11 diciembre 2015
Norteamérica. Capítulo Décimotercero Epílogo. 12 octubre 2015
Bosnia. 7ª parte. El parto de Charly. 8 julio 2015
La pasión de viajar. Fotografías del autor. 10 marzo 2015
Seguiré trabajando en mi "panadería literaria", "cociendo artículos" para serviros el pan de las letras de cada día y alimentar vuestra curiosidad.
Lo haré con ideas, noticias, reflexiones, sentimientos, imagines, chascarrillos, aventuras, anécdotas, puyazos, contradicciones y gazapos con su mijita de ironía y su pizquita de mala uva, porque a veces soy un ángel y otras un demonio.
A todos los lectores, un fuerte abrazo de todo corazón.
Mi mundo entre mujeres. Capítulo 12. " La amiga roja"
Me escapé de Francia. Era becario de la Republica Francesa, pero al oler la frontera en Biarritz, pasé a España y me dirigí a Madrid.
Fueron escasos días de abrazos de familia y de un brújuleo profesional, que me abriría muchas puertas de futuro.
Mantuve dos entrevistas en la Administración española, que marcarían mi futuro personal, poco después.
Uno de los contactos, me proporcionaría con el tiempo, mi primera experiencia profesional, como Director Técnico de la empresa IMAPEC, en Mauritania.
El otro, me ayudó años después, a preparar las oposiciones que me permitieron acceder a la Función Pública española. Este último, hizo algo más: me dio su amistad y me presentó su familia.
Conocí a su hija, cuando era estudiante universitaria. Era más roja que las amapolas, tenía un corazón de oro, era consecuente con sus ideas y activista política en la última etapa del franquismo.
Curiosidades de la vida, congeniamos desde el primer momento. Ella un tanto revolucionaria y yo, sin estar identificado con el Régimen, un joven repeinado, de corbata y portafolios, respetuoso del orden y ajeno a la agitación universitaria.
Ello no quería decir que no tuviera riesgos políticos involuntarios.
Cruzaba a pie la Ciudad Universitaria, en dirección a la Facultad Veterinaria de Madrid. Iba a matricularme en los cursos monográficos del doctorado. Chaqueta, corbata,,...todo un joven profesional, integrado en la sociedad. Vamos, un tío de derechas, que dirían los rojillos.
Iba silbando, como era mi costumbre, cuando un policía a caballo, me interceptó el paso. Me preguntó en tono cortante si sabía lo que estaba silbando. Me dijo que iba chiflando La internacional. Pero al ver mi cara de estupor y sorpresa, me dijo más calmado, que cuando pasara por delante de su otro compañero a caballo, fuera con la boca cerrada, pues " tenía muy mala leche".
Me encontré con mi amiga en la Facultad y le conté los sucedido. Oí su perorata rojilla y la miré con la condescencia de una persona más experimentada.
Días antes, había protagonizado una sentada ante una institución pública y había sido desalojada a peso muerto, al estilo " no nos moverán", con la canción de Joan Báez como fondo. Ya he dicho, que era una rojilla, hija de su tiempo.
Días más tarde, en el convulso Madrid del franquismo feneciente, llevaba en mi coche a mi amiga y a otra compañera suya. Al adelantar un vehículo de la Policia, una de ellas les profirió una letanía de insultos e hizo amago de un corte de mangas, con mi preocupada protesta, por su arriesgada actitud.
El coche policial, nos adelantó y nos cortó el paso, obligándome a parar. Un policía abrió mi puerta con una porra en la mano y me dispuse a lo peor.
Sorprendentemente, me dijo que no me preocupara, pues no iba conmigo. Entonces pensé en mis amigas, pero aquel día, estábamos de suerte.
Los policías bajaron violentamente los jóvenes que ocupaban el coche posterior al mío, los arrastraron por el suelo y les dieron una buena tunda de porras, que acabó con una herida sangrante en la cabeza de uno de ellos.
Si en alguno de estos incidentes narrados, hubiera sido agredido, habría reaccionado y me habría radicalizado, como muchos jóvenes de mi generación, influidos por mayo del 68, las protestas de la Guerra del Viet Nam, las ansias de democracia, el romanticismo y el inconformismo de la juventud.
Décadas después, conservo la amistad con mi amiga roja, que mantiene sus ideas, como yo las mías, pero los años, la han hecho más pausada.
Estoy orgulloso y feliz de ser su amigo desde hace más de cuatro décadas y me pregunto qué me pasa a mi, para ser según ella, de la derecha civilizada y tener mis amistades más entrañables, militando en el rojerío progresista.
Será, que por encima de las ideologías, me interesa más el corazón de la buena gente, sin importarme sus colores
Mi amiga de la que no cito su nombre, tampoco podía faltar en Mi mundo entre mujeres.
Fueron escasos días de abrazos de familia y de un brújuleo profesional, que me abriría muchas puertas de futuro.
Mantuve dos entrevistas en la Administración española, que marcarían mi futuro personal, poco después.
Uno de los contactos, me proporcionaría con el tiempo, mi primera experiencia profesional, como Director Técnico de la empresa IMAPEC, en Mauritania.
El otro, me ayudó años después, a preparar las oposiciones que me permitieron acceder a la Función Pública española. Este último, hizo algo más: me dio su amistad y me presentó su familia.
Conocí a su hija, cuando era estudiante universitaria. Era más roja que las amapolas, tenía un corazón de oro, era consecuente con sus ideas y activista política en la última etapa del franquismo.
Curiosidades de la vida, congeniamos desde el primer momento. Ella un tanto revolucionaria y yo, sin estar identificado con el Régimen, un joven repeinado, de corbata y portafolios, respetuoso del orden y ajeno a la agitación universitaria.
Ello no quería decir que no tuviera riesgos políticos involuntarios.
Cruzaba a pie la Ciudad Universitaria, en dirección a la Facultad Veterinaria de Madrid. Iba a matricularme en los cursos monográficos del doctorado. Chaqueta, corbata,,...todo un joven profesional, integrado en la sociedad. Vamos, un tío de derechas, que dirían los rojillos.
Iba silbando, como era mi costumbre, cuando un policía a caballo, me interceptó el paso. Me preguntó en tono cortante si sabía lo que estaba silbando. Me dijo que iba chiflando La internacional. Pero al ver mi cara de estupor y sorpresa, me dijo más calmado, que cuando pasara por delante de su otro compañero a caballo, fuera con la boca cerrada, pues " tenía muy mala leche".
Me encontré con mi amiga en la Facultad y le conté los sucedido. Oí su perorata rojilla y la miré con la condescencia de una persona más experimentada.
Días antes, había protagonizado una sentada ante una institución pública y había sido desalojada a peso muerto, al estilo " no nos moverán", con la canción de Joan Báez como fondo. Ya he dicho, que era una rojilla, hija de su tiempo.
Días más tarde, en el convulso Madrid del franquismo feneciente, llevaba en mi coche a mi amiga y a otra compañera suya. Al adelantar un vehículo de la Policia, una de ellas les profirió una letanía de insultos e hizo amago de un corte de mangas, con mi preocupada protesta, por su arriesgada actitud.
El coche policial, nos adelantó y nos cortó el paso, obligándome a parar. Un policía abrió mi puerta con una porra en la mano y me dispuse a lo peor.
Sorprendentemente, me dijo que no me preocupara, pues no iba conmigo. Entonces pensé en mis amigas, pero aquel día, estábamos de suerte.
Los policías bajaron violentamente los jóvenes que ocupaban el coche posterior al mío, los arrastraron por el suelo y les dieron una buena tunda de porras, que acabó con una herida sangrante en la cabeza de uno de ellos.
Si en alguno de estos incidentes narrados, hubiera sido agredido, habría reaccionado y me habría radicalizado, como muchos jóvenes de mi generación, influidos por mayo del 68, las protestas de la Guerra del Viet Nam, las ansias de democracia, el romanticismo y el inconformismo de la juventud.
Décadas después, conservo la amistad con mi amiga roja, que mantiene sus ideas, como yo las mías, pero los años, la han hecho más pausada.
Estoy orgulloso y feliz de ser su amigo desde hace más de cuatro décadas y me pregunto qué me pasa a mi, para ser según ella, de la derecha civilizada y tener mis amistades más entrañables, militando en el rojerío progresista.
Será, que por encima de las ideologías, me interesa más el corazón de la buena gente, sin importarme sus colores
Mi amiga de la que no cito su nombre, tampoco podía faltar en Mi mundo entre mujeres.
lunes, 11 de enero de 2016
¿Canario o gorrión?
Nací y crecí libre y cuando llegué a mi plenitud personal, volé alto; volé lejos, volé en libertad.
Volé cielos europeos y africanos, de campanarios y minaretes, en paisajes verdes y en áridas dunas.
No me importaba la incertidumbre, ni tampoco los riesgos de la libertad. Era feliz, ante el peligro de vivir.
Pero hubo un tiempo, que escogí la seguridad en detrimento de la libertad, opositando a la Función Pública y alcancé la estabilidad.
Pasaron los años, encadenado a la dulce monotonía, en una jaula de oro, al pairo de los riesgos.
Me convertí en canario, de alpiste y rejas, acomodaticio en la protección y olvidé los vuelos contra el viento, el balanceo de las ramas, las flores de las primaveras y las ocres hojas de los otoños.
A veces, salía de la jaula, daba pequeños vuelos y regresaba presto a la seguridad de los barrotes. Había cambiado alpiste por libertad.
Ya jubilado, la edad me trajo la libertad de vivir y nuevamente, volé alto y lejos.
Al recibir mis primeras gotas de lluvia en el rostro, mi viejo corazón, floreció como la rosa de Jericó,
Recuperó las taquicardias del amor, se sublimó en el aire de los aromas y se reconfortó ante las dulces miradas de la vida.
Seguí volando, como si ansiara recuperar tantos años de voluntario presidio. Me posé en árboles de muchas tierras y disfruté de los colores de la vida.
"Tenía alas para volar y raíces para volver"
Volaba y volvía; volaba y volvía. Pasaban días, semanas y meses.
Cuando estaba acá, ansiaba marchar; cuando estaba allá, ansiaba volver.
Un día, en los fríos del invierno, unos labios amigos, deletrearon una canción:
"Si le hubiese cortado las alas,
hubiese sido mio,
no se habría ido.
Pero así,
no habría sido mas un pájaro
y yo amaba al pájaro"
¿Canario o gorrión?
¿Seguridad o libertad?
El tiempo y el viento lo dirán.
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