viernes, 15 de enero de 2016

Mi mundo entre mujeres. Capitulo 14. "Una sueca en París"

En los años 60, se hizo famosa la Costa del Sol.

Mientras los españoles emigraban a Europa en busca de trabajo, los extranjeros venían a España en busca de sol.

Por aquella época, las españolas aún usaban fajas de ballenas y púdicos bañadores con falditas.

Recuerdo, que en Sevilla había una piscina pública, con horarios femeninos y masculinos. Una vez, cumplido el turno de baño femenino, el encargado de la piscina, dijo la siguiente frase:

                          ¡Señoritas, salgan de la piscina, que voy a soltar los machos!

En aquélla época, para ver unas caderas femeninas, había que ir al Café La Plata, en la calle del Tubo, en Zaragoza, a la Varieté del Addy Ventura o al teatro de Manolita Chen, pues aún no se había iniciado el "destape"en España, ni se proyectaban películas de "arte y ensayo"

Años más tarde, dos hermosas jóvenes españolas,  harían su agosto enseñando mucha piel en las portadas de las revistas y en las películas. Un irónico columnista, refiriéndose a ellas, las diferenciaba con el siguiente comentario:
           
                 Blanca es la que a veces se desnuda y Susana, es la que a veces se viste"

No es de extrañar, que la llegada de nórdicas con biquinis a la Costa del Sol, revolucionara las huestes masculinas de nuestro país.

Se fletaban autobuses de machos del interior, que acudían a la Costa del Sol, con boina y moreno agrario, exclusivamente, para ver las "suecas" en biquini.

José Luis López Vázquez y Alfredo Landa, inmortalizaron aquella época, con películas un poco sonrojantes.

No es de extrañar, que se creara el mito de "Las suecas" en España y que en los países del norte, se creara el del "Macho ibérico".

De hecho, igual que en Cuba se acuñó el término de las "Jineteras", en Canarias, se creó el término" Bananas boys"

Cuando salí de la reprimida España, para realizar estudios de postgrado, en  la Francia de Mayo del 68, me enfrenté en plena juventud, a un mundo de libertad desconocido para mí.

Durante la visita a un centro oficial, conocí a una sueca que estaba de becaria en la Cámara de Comercio en París. Atrevido yo, la invite a salir por la tarde y aceptó.

En mis años de estudiante universitario en Córdoba, debíamos ir a clase y al comedor, con chaqueta y corbata. Además, yo tenía fama de pijo, entre mis compañeros.

Pero estaba en Francia y me sentía liberado de muchas normas. Acudí a la cita en vaqueros, con una camisa de cuadros y un jersey de marinero, que usaba cuando salía en un barco de pesca.

Ingrid fue con traje de chaqueta, una especie de bombonera en la cabeza y guantes de terciopelo. Me sentí incómodo por el contraste, pero la tarde transcurrió hermosa y nada que ver con el tópico ibérico.

Recuerdo su impecable actitud y su esmerada educación. Tuve a mi lado, una joven recatada, seria y deliciosa.

Años más tarde, ya en Mauritania, conocí un joven matrimonio sueco con los que pasé jornadas entrañables. Conservo su contacto 43 años después. Guardo excelentes recuerdos de ellos, a pesar de que nunca pude ganar a Hans, ni al ajedrez ni al bádminton.

Con los años, los españoles nos liberamos de muchos tópicos, prejuicios y corsés,alejándonos a marchas forzadas, de aquélla España cañí, aunque lamentablemente, creo que hemos perdido también, un respeto, un sentido por la estética y un saber estar, que no volverán.



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