jueves, 21 de enero de 2016

Aromas de Karma

He contado muchas ovejas en la cama. No conseguía la paz de la noche, pues estaba inquieto y pensativo.

Resonaban en mi memoria, el arrastre de rocas por las olas, en una bravía costa ecuatorial; granizos contra la ventana; viento en sus cristales; gritos de los nietos ya ausentes; llantos de hambre en el desierto y estallidos de muerte, en un mundo convulso y alocado.

Tenía los ojos cerrados, pero veía demasiado. Mientras, giraba sobre la cama, el envase de mi alma y deshojaba margaritas, con excesivas cuestiones de vida.

Amores o desencantos; campanarios o minaretes; libertad o muerte; luces o sombras,... de una vida que se va entre campanadas de relojes, con mucha historia y menor futuro.

El sol besa mi cara, trayéndome algo de sosiego y alegría. Numerosos estorninos, picotean el cansado césped, que duerme su verde esperando la primavera. Los colores del día, serenan los pensamientos de mi oscura noche.

Las rojas grosellas del verano, dan color a mi desayuno de invierno, sobre el blanco yogur con cereales. Mi estómago, agradece el beso de los sabores del alba, mientras el día duerme la dulce y simpática oveja, que balaba en mi nocturna negrura.

Mis cálidas manos de siempre, están frías, como si mi viejo corazón, me enviara un aviso de que le escuche. Parece que me riñe, por no ser Juan Salvador Gaviota y conformarme con un vuelo rasero de alpiste y seguridad, sin la miel y la hiel de la libertad.

Mi vida espera el bisturí de la bata blanca, en una especie de cesárea de vesícula y mientras, velo el momento de anestesia de mi consciencia.

El sol brilla en las hojas de mis camelias, que prometen sus flores de primavera. La mimosa no se atreve a dar su amarillo de invierno y en estos pensamientos de intimista reencuentro, aspiro un aroma de karma.

Un jabón con el color de vino de barrica, expande en el ambiente, un entrañable y delicioso olor que invade el alma.

Las mujeres, suelen fijarse en las manos, en la sonrisa y en los zapatos de los hombres, pero también, en su olor personal, ya sea el corporal o el de su perfume.

No es extraño. Su gran capacidad olfatoria, previene los peligros que se ciernen, en los frutos de sus vientres.

Tengo buen el sentido de observación gestual. Percibo las fugaces expresiones de las caras y creo ver en ellas, las almas de mis compañeros de vida.

Pero difícilmente, percibo los aromas del camino. Sin embargo, el olor de este jabón, resulta agradable, sereno, amable y me da el karma que la noche me robó.

Pasarán los días y a no más tardar, tal vez antes o tal vez, después del bisturí, volaré largo, pasaré el Mar entre Tierras, llegaré a lugares de minaretes y muecines y estaré en extraños sitios de peligro cierto.

Pensaré entonces, en lejanía y en soledad.

Soñaré en la vuelta; en el reencuentro con la primavera y con mis tres hijos juntos, como hace ya tantos años que no ocurre. Tal vez, entonces, sepa cuál es el sitio que me reserva un destino, que no gobierno en plenitud.






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