viernes, 6 de octubre de 2023

El amante errante. Capitulo 3. Harimba

Durante su viaje a Benín, Mateo conoció diversas etnias africanas.

Disfrutó de numerosas fiestas con bailes, tambores, colores y licores, que enajenaron sus sentidos. No en vano, estaba en la cuna del vudú.

Un guía del país, le envió un mensaje, informándole de que Harimba, una santera de vudú, había parido mellizos, que él era probablemente el padre y que ella, había desaparecido con sus hijos.

Mateo estaba angustiado y me pidió ayuda. Solo recordaba hechos aislados de aquel viaje. Quería proteger su buena  reputación y a su vez, asegurar el bienestar de los niños.

El guía local, me facilitó el programa de viaje de Mateo y fuí a Benín, con mis amigos Francisco y Ángeles. 

Fue una larga búsqueda.  No la encontramos en los tradicionales mercados, de Ounchi, Glazoué y Parakou. 

Tampoco tuvimos éxito en el mercado de fetiches de Bohicon. Un horrible lugar, donde vendían miles de animales vivos para la práctica de la brujería: serpientes, tortugas carnívoras, escorpiones y otras especies, así como cabezas cortadas, garras y otros restos de cadáveres.

Acudimos también, al templo de las pitones, un lugar con decenas de serpientes sagradas, que a veces, se enroscaban en nuestros pies descalzos. Tampoco allí, nos dieron razón de Harimba.

Visitamos los lagos Azili y Ganvié, con su famosa ciudad flotante, pero ni rastro de ella.

Tampoco conseguimos información con los jefes tribales y santones de las etnias tofuni, yoruba, fulani, somba, yom y fom.

Al menos disfrutamos de su hospitalidad, sus danzas y sus licores, procurando que  uno de los tres amigos, permaneciera alerta.

Fue apasionante la danza yoruba, la somba y en especial, la danza del Zangbeto.

Un enterrador, nos invitó a su casa. Tenía solo dos mujeres, pero siete hijos con cada una de ellas

Nos aconsejó visitar a un santero, que además de conocer otros brujos, podría consultar sus huesos y semillas, para averiguar el paradero de Harimba.

Para ayudarse en el hechizo, debimos beber una pócima de una garrafa forrada de cráneos de animales.

Nos dijo que Harimba estaba en un poblado de Togo, al otro lado del río.

Colaboramos con los pescadores del Gran Popó a recoger sus redes de pesca. Luego, uno de ellos, nos pasó clandestinamente en una barcaza. 

La inmensa fortuna, nos llevó finalmente ante Harimba. Era alegre, hermosa, afable y sencillamente, encantadora. No necesitaba de conjuros y brebajes, para enajenar los sentidos de un hombre. Su vivaracha mirada y su franca sonrisa, eran sus mejores aarms de mujer.

Confirmó que habia yacido con Mateo, durante una fiesta vudú.

Ambos estaban en trance, tras danzar al son de los tambores, beber cerveza de mijo y licor de santero.

Dijo qque sintió cómo la desnudaba con su penetrante mirada y ella dejó caer su túnica, para mostrarle su sinuosa silueta de ébano.

Sus cuerpos bailaron el amor y cayeron exhaustos al amanecer. 

A los nueve meses, Harimba parió dos niños y los bautizó Salifou y Zakari, yendo a Togo  a casa de una hermana

Informé a Mateo del hallazgo, entregué dinero a Harimba, a indicación suya y le dije que la visitaría Mateo próximamente.

Mateo era ya padre de Violeta, Rosa, Margarita, Wayan, Salifou y Zakari,... por el momento.

Mercado Ounchi
Mercado Glazoué
Mercado Parakou
Mercado fetiche de Bohicon
                   

Templo de las pitones
Lago Azili
Lago Ganvié
Danza etnia Yoruba
Etnia Fulani


Poblado y danza de la etnia Somba

Poblado yom
Santero Yom
Danza Zangbeto

El enterrador con ocho de sus catorce hijos
El hechicero
Licor de santero en garrafa con calaveras


Recogiendo redes en el Gran Popó
Pasando a Togo
Con Harimba
            Ángeles y yo, con Salifou y Zakari

Notas del autor

Entre agosto y septiembre del 2019, publiqué en este blog, las crónicas del viaje a Benín.

El relato, así como los nombres utilizados en este artículo, son inventados. Solo los nombres de los tres amigos, son reales.

El amante errante. Capítulo 2. Nawar

Borneo. La densa vegetación, parecía engullir el barco Kelimutu, mientras ascendía el río Sekonyer. De las ramas que rozaban la cubierta, podían pender serpientes.

Los monos nasicos daban vida a las orillas, vigilando la posible existencia de serpientes o de algún leopardo. A veces, nadaban a la otra margen del río, aún a riesgo de ser atacados por cocodrilos del Siam, abundantes en sus aguas.

Llegada la noche, el Kelimutu paró máquinas y los expedicionarios durmieron en colchonetas, sobre la cubierta del barco. Se protegian con mosquiteras que impedían la entradas de alimañas, incluidos los reptiles.

Millones de luciérnagas, colmaron la selva con mágicos puntos de luz. El atronador ruido de los monos aulladores, sobrecogía a los navegantes que osaron penetrar en la selva.

Nawar, guardesa del parque de orangutanes Tanjung Puting, recibió al grupo de cinco visitantes.  

Nawar procedía del Sultanato de Brunei. Uno de los principes del pais, quiso incorporarla a su amplio harén y ofreció a sus padres, 200,000 dolares anuales como dote. Nawar era libre, altiva y pasional. Para disgusto de sus padres, rechazó la oferta y huyó a Borneo. No quiso ser una más de las 40 mujeres del harén y ser sometida a la vigilancia de un grupo de eunucos.

Cuando Nawar explicaba el riesgo de extinción de los orangutanes (hombres de selva), vió a Mateo por primera vez. Ambos quedaron absortos mirándose mutuamente. Nawar tramó entonces,  ensabanarse con él, en un recóndito refugio de la selva. 

Una gran hembra orangután pasó junto a Mateo con su cria,  pero éste, solo tenía ojos para Nawar.

En un breve recorrido por la selva, observaron bandadas de mariposas, agresivas hormigas, plantas carnívoras y un gran orangután macho, con su gran rostro aplastado, cuidando de su harén.

Una lluvia tropical sorprendió al grupo en la selva. Nawar hizo unos improvisados sombreros, con hojas de bananos.

Cuando Nawar le colocaba un tocado vegetal, Mateo la rodeó por su cintura y ella le sonrió sosteniendo la mirada. Fue el principio de una tórrida aventura

La noche era un hervidero de vida, pero a veces, sonaba un grito de muerte ante un depredador. 

Nawar llevó a Mateo, a su cabaña en la selva. Nuevamente, las luciérnagas iluminaban el lugar. La luz de una vela, añadía misterio y magia al pequeño recinto. 

Nawar llevó la mano de Mateo a su pecho y le besó los labios. Éste, sintió un escalofrío en su espalda. Ambos desnudaron apresuradamente sus cuerpos. Mientras la lluvia golpeaba los cristales. 

Poco después los profundos sonidos de los monos aulladores, se fundieron con los gemidos de placer de Nawar.

Una miriada de mariposas, voló sobre sus cabezas, al salir de la cabaña.

Nawaralejó el parque de orangutanes, para acompañar a Mateo en su viaje.

Subieron el volcán Bromo en la isla de Java; avistaron dragones de Komodo en la isla Rinca y se "perdieron" en un inmenso bosque de bambú en Sumatra.

Ya en Bali, visitaron plantaciones de arroz y se bañaron en un río de calientes aguas volcánicas. 

Nawar y Mateo, se besaron bajo una cascada y sus aguas, se llevaron las lágrimas del adiós. Nunca más se volverían a ver.

D. Mateo paseaba su reputación de hombre cabal, en su Liérganes natal. Mientras, el preñado vientre de Nawar, sentía los movimientos de un feto con sangre morisca, gitana, vasca, judía y bruneiana, al que llamaría Wayan. Años más tarde, Mateo sabría que tenía un hijo varón

Notas del autor:

En otoño de 2017, cinco amigos viajamos a Indonesia. Las crónicas de aquél maravilloso viaje, están publicadas en este blog entre octubre y noviembre de ese año.

Visitamos las islas de Borneo, Sumatra, Java, Flores, Rinca, Lombok y Bali.

Nos adentramos en la selva a pié, en barco y en elefante. Vimos orangutanes, nasicos, monos aulladores, serpientes, cocodrilos del Siam y dragones de Komodo. 

Aún hoy, lamento no haber ofrecido una mano a la orangután con un bebé, que pasó muy cerca de mí.

Ascendimos a los volcanes Bromo y Kelimutu. Paseamos por inmensos arrozales y campos de bambú.

Visitamos aldeas templos y mercados, interactuando con el paisanaje.

Nos bañamos en un río volcánico con agua caliente, en estanques de purificación y bajo cascadas.

La historia de amor entre Nawar y D. Mateo, nunca existió, pero me sentí atraido por la hermosa indonesa, cuya fotografía publico en este artículo y que estimuló algo más que mi imaginacion de escritor.



Ascenso del río Seconyer, en Borneo

   Durmiendo en la cubierta del barco
                             Mono nasico
Parque natural de orangutanes

    Hembra orangután con su cría
A pié, por la selva, cerca de la cabaña
  Atravesando un río selvático en elefante
                Una inevitable sanguijuela
                        Plantas carnivoras
Luciérnagas en el rio
                Pantera nebulosa de Borneo
                          Isla de Rinca
Dragón de Komodo
        Preludio de un baño de purificación
     Arrozales de Bali
Nawar, quien inspiró al autor






El amante errante. Capitulo 1. D.Mateo

Mateo era depositario de vagas y lejanas historias que su familia, había transmitido de padres a hijos.

Al parecer, un antepasado musulmán, se había liado con una gitana de Granada. 

El hijo que tuvieron, tuvo un amor prohibido con una sefardí que había vuelto a Toledo y tuvieron una hija.

A finales del XIX, otra antepasada, se casó con un nacionalista vasco de Zarauz, que vivía literalmente bajo una boina.

Mateo, hijo de un maestro manchego de Almagro y de una india guatemalteca, quiso confirmar las antiguas historias familiares.

Recurrió a la base de datos Family Search, de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (mormones), en Utah. Pudo comprobar así, la veracidad de la tradiciones familiares.

Mateo había enviudado muy joven y criado en soledad, tres hijas, Violeta, Rosa y Margarita.

Era un "viejo España" de exquisita educación y caballerosidad. Nunca se le vio con otra mujer y gozaba del respeto de sus vecinos, por su bondad y religiosa castidad.

Cuando sus hijas fueron autosuficientes, quiso recorrer el mundo. 

Su sangre india, gitana, morisca, judía y  vasca, le confería un indudable atractivo con unos ojos de fuego. 

En sus viajes, apartado de su entorno de vida y prestigio, daba rienda suelta a sus pasiones largamente reprimidas.

Era un macho alfa venido a menos, por razones de edad, pero aún tenía pólvora en sus entrañas, para "foguearse" con hermosas damas de tierras lejanas.

Cuando a sus 65 años presagió su final, redactó un largo testamento, confesando a sus hijas, su doble vida:

Queridas hijas, cuando llegue la hora de mi hora, que incineren lo que reste de mi cuerpo. 

No estais solas. Tenéis varios hermanastros, fruto de mis pasiones amorosas, durante mis viajes. 

Dad a cada uno de ellos, parte de mis cenizas y lo restante, enterradlo bajo un árbol hermoso para seguir dando vida, para dar sombra, para mecerme al viento, para dar belleza, para dar frutos, para dar alegría o tal vez, melancolía.

En una adenda del testamento, os narro mi vida secreta. Siempre os he amado. Mateo, 

Nota:

El autor ha inventado diversas historias de amor, a partir de anécdotas y lugares conocidos durante sus viajes. En ellas, se incluyen fotografías que puedan dar verosimilitud a los relatos, pero éstos, no son vivencias personales

lunes, 11 de septiembre de 2023

El tengoque

25 años. Francia. Barco pesquero. Marea en frías aguas del norte. Mar agitado. Olor a gasoil. Manos heladas. Redes con bacalao.

Cama caliente, usada a turnos por la tripulación. Vida dura, de hombres recios. Sueño intenso y escaso, por agotamiento y relevo en cubierta.

Dura experiencia por exigencia académica. Como la de otros, los "puertas frías", de vendedores a domicilio, por no trabajar su futuro a tiempo.

65 años.Jubilación. Liberación de calendario, reloj y corbata. Libertad, libertad, con risa, libertad.

7 domingos por semana. Anarquía de vida. Horario sin horas. Sueños sin reloj. Comidas sin nombres de cena o desayuno. 

Cama caliente, sin turnos de relevo. Solo vivir los sueños, vegetar, escribir...

Mala conciencia, de abandonarse a la vagancia y a la libertad de cansarse de descansar; de pensar en el "Tengoque".

Tengoque levantarme; tengoque asearme; tengoque "brunchear"; tengoque... vivir en una sociedad que impone sus normas de trabajo, organización, reglas, castigos, competencia, estrés...

Que laboren los jóvenes y los adictos al trabajo y respeten la vida de los grises" tengoques" apodados por Hacienda,  "clases pasivas".

Pues ya que somos pasivos ....vivamos en libertad, sin cadenas sociales, sin prejuicios, sin que dirán, sin esclavitud de modas, sin tengoques. Solo cama, ropa vieja, paisajes, risas,  salud y sentimientos.

Punto y final. Tengo hambre y tengoque abrir el frigorifico



miércoles, 6 de septiembre de 2023

El café de las mujeres

Buchanan, un joven escocés,  cazaba caimanes en el río Misissipi. Ataba grandes anzuelos cebados con carne,  en las orillas del río  para engancharlos.

Los revisaba diariamente, tirando de los cordajes, para que un compañero disparara en la cabeza a las posibles presas, sin dañar su valiosa piel.

El riesgo era evidente. Los caimanes  saltaban furiosos cuando jalaban la cuerda; las frecuentes tormentas complicaban la navegación y había piratas en el rio, que robaban la caza a los tramperos.

Cuando reunió suficiente dinero, volvió a Escocia, se casó con Daisy y emigraron a Darwin, en el norte de Australia. 

Buchanan trabajaba de guarda en el Parque Nacional de Kakadu, el hogar de los cocodrilos de agua salada. 

A veces, guiaba reducidos grupos de turistas por los pantanos; otras, recolectaba huevos  de los nidos de cocodrilos, para una granja donde los criaban, para producir pieles y abastecer de carne a restaurantes.

Vivía feliz con sus dos pasiones: la fauna salvaje bajo el sol y  las tórridas lunas con su amada. Viivía,... porque un gran cocodrilo, le robó el futuro, mientras recolectaba huevos en el pantano.

Tras su desaparición, unos aborigenes siguieron su rastro y descubrieron la tragedia.

Daisy secó sus lágrimas, con los restos de la camisa, lo único que quedó de su marido.  Tenía el recio carácter de las tierras altas de Escocia y quiso continuar en Australia.

Conoció entonces, a Francesco, el hijo de Tomasso, un  "camisa negra" de la Italia fascista, que huyó a Australia, tras el asesinato de Mussolini en 1945.

Trabajaba en un centro australiano de reptiles, para extraer venenos de serpientes, procesar antídotos y productos para medicina estética. Simpático y atractivo, conquistaba las mujeres susurrandolas lentamente  "Ti vigilo un mondo di bene" 

Pronto compartieron almohada, los negros cabellos del latino y la roja cabellera de la escocesa. Sus cuerpos bailaban el amor, sus labios besaban las palabras y los gemidos eran su música nocturna.

La vida sonreía su nuevo matrimonio, pero... agotado tras una noche de pasión, Francesco cometió un grave error al extraer el veneno de una serpiente y una  taipán le hincó los colmillos en la yugular. 

Daisy maldecía su mala suerte en la soledad de sus sábanas. Volvía al tedio y al silencio nocturno, recordando a Buchanan y Francesco.

Viajó entonces a Byron Bay, en la costa este australiana, un paraíso para practicar surf y submarinismo. 

Ryan descendía de convictos irlandeses deportados a  Australia por la Gran Bretaña a mediados del S. XIX.  

Responsable del Faro de Cabo Byron, vivía en una casa anexa. Desde allí, avistaba ballenas jorobadas entre junio y noviembre.

Su vida era el mar. Tenía un pequeño velero, practicaba pesca deportiva, surf y submarinismo.

Coincidió con Daisy cogiendo olas en la playa. Eran dos almas gemelas,  castigadas por la soledad.

No tardaron en entregarse en la playa. Los suspiros se fundieron con el sonido de las olas y gritaron a la Estrella del Sur, su amor en la noche.

Fueron años de serena felicidad, que Daisy recordaría cómo la mejor etapa de su vida. 

Un aciago atardecer, mientras nadaban en la desembocadura del Brunswick, un tiburón toro, que había remontado el río,  segó la vida de Ryan. 

Se besaban en el agua, cuando inesperadamente, el escualo le arrancó de sus brazos. Aterrada, nadó hacia la orilla, mientras las turbias aguas, se tiñeron de rojo. 

Nunca volvió a Byron Bay. Se estableció en Brisbane y se enterró en vida, llorando sus tres amores perdidos.

Encontro consuelo espiritual, con Dharma, un griego convertido al budismo, vegetariano y místico, que llevaba una vida de meditación y recogimiento. Era un "hierbas desustanciao", que la inició en la contemplación y en el feng shui. 

Su actividad sexual, era tan escasa como insulsa, pero se conformaba con tener paz, complicidad y armonía.

Perdida la juventud, aún deseaba vivir sábanas de pasión, pero el budista solo era un "picha triste" con karma.

Una noche, le echó viagra en el puré de zanahorias. Dharma la poseyó con una fuerza inesperada, pero... murió en el éxtasis final por parada cardiaca

Esta vez Daisy se sintió liberada. Aún era una mujer hermosa para ser amada. Se mudó a Coffs Harbour, donde nadie la conocía y no podrían tacharla de gafe o de viuda negra.

Guapa, dulce y amorosa, tuvo un corto romance con Noor, un joven, con quien recuperó las pasiones perdidas con Dharma. Pero... solo fue el amor pasajero de un holandés errante, con tatuajes satánicos en su piel.

Noor la abandonó y emprendió una aventura en solitario, por la selva de Papúa, donde fue capturado por la tribu korowai. Eran seres primitivos, que vivían en los árboles y practicaban rituales de canibalismo. 

Cuando vieron los extraños tatuajes de Noor,  lo consideraron un  khalua o brujo mmaligno. Fue desnudado, atado a un árbol, asesinado a machetazos y comido  según su ritual caníbal.

Daisy había enviudado 4 veces, enterrado solo a dos maridos y nunca supo del asesinato de Noor. 

A sus 71 años, aún sueña con un hombre para compartir un amor sereno y hermoso, los últimos años de su vida. 

Conocí a Daisy, en noviembre de 2015, cuando acudí en Coofs Harbour, con Kate, a una reunion de amigas que llamaban, el "café de las mujeres"

Notas del autor:

Estuve en Nueva Gales del Sur y en Queensland, Australia, durante noviembre y diciembre de 2015  

La viuda del articulo existe, pero su nombre y las historias de sus matrimonios, son inventados a partir de historias oídas y experiencias personales vividas en Australia

Me ofrecieron llevar ganado a caballo, en zonas donde había cocodrilos, pero rechacé la oferta. También decliné la portunidad de trabajar en una granja de cocodrilos y en un criadero de cacatúas australianas

Cuidando un jardín, sufrí un grave riesgo frente a una serpiente taipán, en el interior de Queensland

Mi amiga Kate, se reunía todas las semanas, con un grupo de amigas en una cafetería. Llamaban a la reunión, el "café de las mujeres" y estuve con ellas en dos ocasiones.

La amiga escocesa, del café de las mujeres, me invitó a su domicilio. Sentí paz y bienestar, ante la dulzura de la anfitriona y el armonioso ambiente de su casa, decorada en estilo feng shui. Más tarde, supe que ésta se había quedado viuda cuatro veces.

Conocí una anciana encantadora. Su marido perdió la vida, combatiendo contra los japoneses, cuando estos invadieron Nueva Guinea Papúa, durante la Segunda Guerra Mundial. Su historia era fascinante.

Desde entonces, deseo conocer las primitivas tribus de la isla, obviando el contacto con los Korowai, grupo étnico que vive en la profundidad de la selva y práctica el canibalismo. 

Un turista británico que se adentró en su zona, fue considerado un brujo maligno "khalua" y le rescataron cuando estaba atado a un árbol, desnudo y con los ojos vendados, para su ejecución.


Caza de caimanes en el Misissipi 
Con la viuda del combatiente en N. G. Papúa
En el interior de Queensland.
Mi encuentro con una serpiente taipán




domingo, 3 de septiembre de 2023

Embrujo y amor en Sevilla

En el año 844  los vikingos de Normandía, llegaron por el río Guadalquivir con una flota de drakkars hasta Ishbiliya, la actual Sevilla.

Atacaron la ciudad, saquearon sus riquezas, tomaron esclavos y dejaron un millar de muertos.

Abdar Rahman II, envió sus tropas desde Córdoba para defender la ciudad. A pesar del valor, la astucia y la ferocidad de los vikingos, los árabes vencieron a los invasores y ejecutaron a 400 vikingos, colgandolos de las palmeras.

En 1614, llegó a Coria del Río, un galeón que había zarpado de la ciudad japonesa de Ishinonaki,  con 180 tripulantes japoneses, al mando del Samurai Hasekura Keicho, en misión diplomática.

Muchos de los tripulantes, se establecieron en la ciudad. Para facilitar la pronunciación de sus complicados nombres, se les impuso a todos, el apellido Japón. Actualmente, más de  600 corianos, llevan ese apellido.

En 1965, el alcalde de Sevilla, invitó a dos corresponsales de prensa de Suecia y Japón, con el fin de divulgar en sus países, ambas efemérides. 

El periódico japonés, Ishinomaki Hibi Shinbun, envió a su corresponsal Kimura Yuki. Menuda, ceremoniosa, introvertida y delicada, era una porcelanita del Sol Naciente

El Gotheborgs Posten, de Gotemburgo, envió a Magnum Nilsson, escritor y periodista. Era un gigantón pelirrojo, de ojos azules, con 40 cm de pié y unos 100 kg de peso vivo canalla. 

Tenía la cabeza vendada. Al pasear por la feria montado en una yegua en celo, un caballo quiso montarla y debió tirarse al suelo como pudo.

Tras el trágico incendio de la feria de 1964. Los sevillanos apreciaron como nunca la de 1965. Los asistentes abarrotaban las calles y  las casetas del ferial y se produjeron excesos por doquier.

El Alcalde de la ciudad, agasajó a los invitados, en la caseta municipal. Como pagaba el Ayuntamiento, abundaban la manzanilla, las nécoras, las gambas, el jamón y los montaditos de lomo.

Pronto se vieron rodeados de personajes tan oportunistas como pintmorescos.

Jairo Montoya, el "Follarranas", gitano y guitarrista; un junco aceitunao y un artista en las cosas del querer. Habia sido vendedor de mantillo pa las macetas, afilador,  vendedor de pajaritos y de ancas de ranas. Se ganaba unas perras tocando pa los guiris en el barrio de Santa Cruz y en los tablaos de poca monta.

Tanaka Kaito, nieta de una geisha, a la que quiso emular, pero tras dos años como maiko, viajó a Sevilla para ser bailaora de flamenco. Allí se amancebó con Jairo, tras convencerla éste de que si yacía con él, bailaría  con la pasión y el duende de un gitano. Jairo la presentaba como "Gitanilla de Kioto". 

Lola Japón,  la "Pavera". Natural de Coria del Río, era una buscavidas segun la temporada: ponía un puesto de pavos en Navidades y otro de sandías y melones en verano. El resto del año, vendía, tortas de aceite, aguardiente y cigarrillos sueltos en el puente San Telmo; arbejones en la plaza de las palomas y chucherías e higos chumbos en la puerta de un cine de verano.  Sus amplias caderas, eran como una barcaza en la que muchos querían navegar por las procelosas aguas de la pasión. Dicen que hizo estragos amorosos en las carretas del Rocío.

De repente, apareció un querido y exótico personaje de la Feria de Sevilla: Pepe, "el Escocés". 2 m de tío, falda escocesa, zapatos con hebillas, calcetines largos y una boina coronada con una pluma.

Pepe se sumó al festín. El escocés, el gitano, las japonesas el vikingo, ... aquello prometía.

Pepe era un pozo sin fondo y no habia alcohol que doblara su altiva figura. El vino y su alma de artista, le daban cierta gracia bailando sevillanas.

La Gitanilla de Kioto, jarta de vino, se arrimaba al Follarranas, todo lo que el decoro de la época permitía.

A Lola Japón, le encantaba calentar a los hombres y dejarles con dolores en la entrepierna. Queria vengarse así  de todos ellos, pues una vez, mientras estaba agachada recogiendo caracoles, un degenerado, la atacó por detrás. 

Engatusaba al vikingo, con una mirada caliente, suaves caricias, su turgente mascarón de proa y el balanceo de sus caderas. 

Cuando a Nilsson,  se le subió el temperamento, se fue a por Lola y ésta, ya harta de vino  y gambas, se escapó para Coria.

Entonces, irrumpió en escena, Coral Vargas, la "Pitonisa". Vendedora de jazmines, lectora de manos y echadora de cartas, era famosa porque bailaba descalza, y su mirada echada fuego de pasión. 

Una noche descubrió a Jairo, "su hombre", saltando en su colchón con Gitanilla de Kioto. Desde entonces, sentía un ataque de cuernos que la quemaba las entrañas.

Al ver su Jairo con la maico, perdió los papeles. Maldito seas traidor. ¿Qué tiene esa que no tenga yo? Y le tiró un viaje de uñas a la japonesa, que sangraba por la sien. Los municipales la arrancaron a duras penas de su presa y se la llevaron al cuartelillo, aún con pelos en sus manos.

Jairo se llevó a su Tanaka y la compensó en la cama, con una doble sesión de duende gitano.

Kimura y Nilsson, regresaron al hotel. El vino y el embrujo de Sevilla, prendieron en ellos la pasión, como el fuego quema la estopa.

Los fuertes y pesados embites del vikingo, arrancaron gritos de placer de la nipona, que pronto tornarían en dolor, cuando ésta comprobó que le había roto dos costillas.

Ambos corresponsales, escribieron sendos artículos sobre la llegada de los vikingos y los japoneses a Sevilla. Una ciudad, que embruja a sus visitantes, les invita al amor y les inflama de pasión. Aseguraban que era imposible escapar de allí, sin una noche de amor

Desde entonces, muchos guiris del norte y japoneses, van a Sevilla buscando su duende. 

Kimura y Nilsson, se establecieron en Lysekil, en el suroeste de Suecia, donde tuvieron un hijo pelirrojo con ojos rasgados,  que causaba admiración

Notas del autor:

El ataque en el año 844 de los vikingos normandos a la ciudad de Sevilla, durante el Emirato Omeya de Córdoba es un hecho histórico.

También está documentada la llegada del galeón japonés a Coria del Río en 1614. Entre los más de 600 descendientes japoneses, surgió una Miss España que fue invitada a Japón. 

Pepe el Escocés, en realidad se llamaba Oliver  Bertrain y era de origen francés y holandés, tenía sensibilidad escocesa y era sevillano de corazón. Murió en Niza, con 74 años, en 1972.

El resto de los personajes son inventados, así como el relato del artículo.


Recreación de la invasión vikinga de Sevilla
   
Reproducción del galeón japonés 
Corianos cantando en japonés 


Baile de sevillanas en la feria

Pepe el Escocés