jueves, 9 de febrero de 2017

Blanco, negro y amarillo

Soy blanco y europeo; un crisol de razas que ha poblado la vieja Iberia. Por mis venas correrán probablemente sangre íbera, celta, fenicia, romana, visigoda, árabe y judía.

He nacido en España, me he forjado en su seno, en un régimen autocrático, católico y singular. He volado mucho y lejos, con las alas de la curiosidad y la aventura, pero siempre he vuelto a mis raíces.

Soy de la piel de toro, tierra del sol, la luz y la alegría. Soy de Europa, el continente blanco, la cuna de la civilización occidental, de la democracia, de grandes artistas y pensadores.

Judíos, cristianos, anglicanos, ortodoxos....., hemos crecido juntos y aunque no siempre lo hayamos hecho en paz, todos hemos comido el pan de trigo, nuestro cereal europeo.

He pisado muchas tierras de África; desierto, selva y sabana, han sido testigos de mis emociones. Mis zapatos se han teñido con su tierra roja y mis ojos se han inundado de su color.

Los blancos dientes de los africanos, contrastan sobre sus pieles negras y estas, a su vez, lucen maravillosas entre ropas de colores imposibles.

Mueven sus cuerpos fibrosos, con la cadencia que solo los negros saben hacerlo. Sus sonrisas y sus miradas, no te dejan impasible. 

Han nacido en un continente invadido, dividido y sometido. Les hemos robado en parte su identidad e impuesto nuestros valores. Hemos derramado su sangre, esquilmado sus recursos, mezclado sus etnias y borrado muchas de sus ancestrales costumbres.

Hemos robado sus hijos, les hemos esclavizado y a pesar de eso, África es un continente alegre, hermoso y con futuro y aún tienen una población joven, unos paisajes y fauna increíbles y materias primas enormemente importantes.. 

Si Europa consume trigo, África se nutre con mijo, que muelen las mujeres machacándolo rítmicamente con sus mazas de madera.

Si la cristiana Europa ha sido la cuna de la civilización occidental, la animista, musulmana y cristiana África, ha sido, simplemente, la cuna de la Humanidad, allá por la falla del Rift, en el cuerno africano.

Asia, superpoblada, lejana, exótica y mágica; donde el arroz es el oro mágico que alimenta el cuerpo y Buda y Confucio nutren el espíritu. Tierras de sedas y perfumes, de delicadas mujeres con sensibilidad de porcelana.

Países tradicionalmente herméticos, que han abierto fronteras y abrazado la modernidad. La fábrica del mundo, que asusta con su competitividad y laboriosidad los mercados industriales del mundo.

Portugueses, españoles, ingleses, franceses, holandeses, norteamericanos...., colonizamos militarmente gran parte de Asia, pero en muchos casos, los occidentales hemos sido colonizado culturalmente por países de una gran y profunda tradición.

Para mí, es tiempo de Asia. Deseo entrar en los túneles de sus guerrilleros, pasear por las montañas de bancales de arroz, andar entre los campos de té, montar en sus búfalos de agua y en sus elefantes, sentir la suavidad de sus telas, navegar por sus deltas y bahías, sentir la presión de las grandes concentraciones humanas y extasiarme en sus ceremonias del té.

Quiero probar comidas imposibles, sentir sus perfumes, verme pequeño en la gran muralla y en la inmensidad del desierto del Gobi, montar en un camello bactriano, presenciar la caza de la cetrería a caballo, dormir en una yurta mongol y ver de cerca los yaks.

Quiero escudriñar el paisaje humano, de pieles cetrinas, cabellos negros y ojos rasgados. Ansío conocer sus formas de vida y sus escalas de valores. Deseo conocer la diversidad tremenda de sus gentes, de China, Indochina, Mongolia, Japón, Corea o Malasia.

Y si la salud me da tiempos de caminos y aventuras, viajaré más tarde al sur de América, el llamado nuevo continente, el de tierras indias, cuna del cacao, el maíz, la patata y el tabaco. Será hora de conocer la huella de la civilización española, hecha con la cruz, el sudor y la espada.

Veré entonces, la pérdida de la cultura prehispanica y la ganancia de civilización cristiana. Valoraré entonces, con la mayor ecuanimidad posible, si el balance fue positivo y debo sentirme realmente orgulloso, de lo que aportó mi nación allende los mares.

Pero ahora, salvo viajes puntuales, es el momento visitar, conocer y amar un lejano continente llamado Asia

















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