sábado, 7 de marzo de 2020

Hombres, mujeres y otros sexos

Perdonen los lectores si en este artículo soy grosero y demasiado directo. No hay mala intención en ello, sino afán de llamar las cosas por su nombre, para reflejar la realidad.

Nací durante la dictadura española, a mediados del pasado siglo, donde la religión, la autoridad paterna e institucional, se vivían intensamente.

En aquélla época, las mujeres alcanzaban la mayoría de edad a los 23 años y las que se casaban y trabajaban en determinadas empresas públicas, debían abandonar su puesto de trabajo y dedicarse a la familia.

Hombres y mujeres, tenían distintos horarios para nadar en una piscina; las mujeres debían asistir a misa con manga larga y velo; no tenían derecho a tener una cuenta bancaria y tampoco votaban, bueno, ... lo mismo que nosotros, los varones. En aquella época, el Cardenal Segura, en Sevilla, excomulgaba a las parejas que pecaban gravemente por bailar agarrados.

Se seguía con verdadero interés la emisión radiofónica, el Consultorio de Elena Francís, en el que una mujer, daba consejos, que redactaban en la sombra, un psicólogo y un sacerdote: el matrimonio era indisoluble; la mujer debía ser abnegada, sufridora y entregada totalmente al hogar. Infidelidades, malos tratos, alcoholismo,... todo debía soportarlo por el bien de los hijos. 

Esta situación, imbuyó de machismo la sociedad.

Un varón con aventuras femeninas extramatrimoniales, era un sinvergüenza secretamente admirado por otros hombres. Una soltera que tuviera relaciones sexuales era una puta y aún era peor calificada, una casada infiel.

Un homosexual era un maricón y una lesbiana una tortillera. Ambos, eran despreciados y objeto de mofa y desprecio. No es de extrañar, que las personas que tuvieran tendencias homosexuales, sufrieran en silencio y se escondieran, figuradamente, "en el armario".

Los jóvenes varones, éramos crueles y además, teníamos muchos prejuicios:

Si un varón usaba laca para peinarse, crema para la cara, mantenía el cigarrillo o llevaba el reloj en la mano derecha o usaba pantalones con cremallera, en vez de botones, era de dudosa masculinidad.

Si una mujer usaba pantalones, fumaba por la calle o entraba sola en un bar, era considerada casquivana, si no, directamente puta.

Era un mundo represor y triste, donde había una doble moral: la oficial y la subterránea.

Las mujeres dependían económicamente del marido, lo que las relegaba a un segundo plano.

Surgió entonces el machismo, como un concepto negativo; una ideología que engloba actitudes, conductas, prácticas sociales y creencias, que defienden la superioridad del hombre sobre la mujer. Éste aparecía como el mantenedor, protector y jefe heteropatriarcal de la familia; y seguramente, ésta situación es la causa del rechazo feminista de la figura del padre heterosexual.

Más recientemente, surgió otro concepto; el micromachismo, como maltrato psicológico, emocional, físico, sexual y económico, aceptado por el entorno social, en contraste con otras formas de violencia machistas habitualmente condenadas.

Las mujeres se incorporaron progresivamente a las universidades y a la vida laboral. Demostraron su valía en todos los terrenos, superando en muchos casos a los hombres, a pesar de los prejuicios de una sociedad machista, en la que los roles de ambos sexos estaban bien definidos. La maternidad, no era sólo un maravilloso privilegio exclusivo de las mujeres; era también su mayor dificultad en la inserción del mundo laboral.

Cuando se produjo la apertura política en España, se relajaron progresivamente las costumbres y se produciría un fenómeno llamado el "destape".

Se vieron los primeros desnudos integrales, en películas como "La lozana andaluza" y "La trastienda" y aparecieron numerosas musas españolas desnudas. Se decía de dos actrices, que eran primas: "una a veces, se desnuda; la otra, a veces, se viste"

El feminismo tuvo un importante auge en España, como un conjunto heterogéneo de movimientos sociales y políticos, que luchaba por la igualdad de derechos entre ambos sexos y por eliminar la dominación y la violencia de los hombres sobre las mujeres.

Este movimiento, lucha progresivamente por la equiparación laboral de hombres y mujeres, así como la igualdad ante la ley y los derechos reproductivos. Una de sus grandes batallas, fue la aprobación restrictiva del aborto, que dividió y aún divide la sociedad en dos grandes bloques: anti y pro abortistas.

Paralelamente, los gays y las lesbianas. afloraron a la sociedad y mostraron su orgullo, con multitudinarias manifestaciones no siempre de buen gusto. Crearon un lobby llamado LGTB, que alcanzó una enorme influencia y luchó igualmente por sus derechos. 

El movimiento LGTB, enfatiza una diversidad de sexualidad y culturas basadas en la identidad de género. En estas siglas, caben todas las personas que no sean heterosexuales y no exclusivamente lesbianas, homosexuales, bisexuales o transgénero. 

Es aquí, donde yo, que tenía sexualmente los conceptos tan claros como simples, me pierdo y debo consultar la bibliografía:

Los transgéneros son personas que se identifican con el género opuesto al de su nacimiento; es decir, que creen haber nacido con el sexo equivocado. 

Los transexuales, son personas que se identifican como miembros del sexo opuesto al que nacieron y quieren vivir a tiempo completo perteneciendo a ese género. Estas personas, se someten a cambios hormonales o quirúrgicos para modificar su fisonomía innata.

El proceso de transición de un género a otro, se llama "reasignación de sexo o reasignación de género". Las mujeres biológicas que hacen el cambio de sexo, se denominan hombres transexuales u hombres transgénero. Los hombres biológicos que hacen el cambio de sexo a mujer, se denominan mujeres transexuales o mujeres transgénero.

Pero aún se complican más las cosas. Al parecer, Vitt Muntarbhorn, nombrado Defensor Global LGTB por la ONU, ha llegado a la conclusión de que el concepto de sexos masculino y femenino, está superado y que en realidad, hay 112 géneros diferentes. 
Confieso, que tras leer la descripción de cada género, "El que no esté confuso, es que no tiene las ideas claras":

Los travestis son personas que se visten con ropa del sexo opuesto, pero no se identifican necesariamente con ese género, aunque disfrutan expresando una doble identidad. 

Los androginos son los que exhiben rasgos externos que no son propios ni del sexo masculino ni del femenino, entrando así en un término intermedio. Son personas con rasgos sexuales de hombre y mujer.

Las drag queens y los drag kings, son hombres o mujeres biológicos que se presentan a tiempo parcial como miembros del otro sexo por motivos de entretenimiento y trabajo, pero no son necesariamente transgénero. Pueden ser hombres gay vestidos de mujer o lesbianas vestidas de hombre.

Los genderqueer o intergénero, se ven como masculinos y femeninas y se consideran fuera de la construcción binaria de masculino y femenino. Pueden exhibir características del sexo opuesto o de ambos. Son personas que transcienden el concepto de género y que no necesariamente se identifican como transgénero.

Los agender son personas que sienten que no tienen género.

Los maregender, son personas que cambian de género, dependiendo de quien esté enamoradas.

Los boyflux, se sienten parcial o totalmente masculinos la mayor parte del tiempo, pero experimentan una intensidad fluctuante de identidad masculina.

He visto muchos géneros más, pero no he llegado a leer los 112 géneros, propugnados por Vitt Muntarbhorn, pues a estas alturas, "Estoy hecho un lío".

Tras la caída del muro de Berlín, el comunismo perdió su discurso político. Para persistir en la sociedad, la izquierda reinventada, enarboló nuevas banderas, como ecologismo, cambio climático; igualdad; feminismo; movimiento LGTB; etc.

Conscientes del importante caladero electoral que suponen el feminismo y el movimiento LGTB, la izquierda trabajó con denuedo en este área política. Favoreció estos movimientos sociales, regándolos con importantes subvenciones, promoviendo normas legales con discriminación positiva, en algunos casos vulnerando, a mi juicio, la Constitución española.

La izquierda promovió las "listas cremallera" en las candidaturas políticas; se inmiscuyó en la libertad empresarial, instando a equilibrar el número de hombres y mujeres en los Consejos de administración; generó un entramado de lucha contra la violencia de género, que en cifras, ha sido lamentablemente un fracaso; promovió activamente el aborto, pero no tanto la protección de la familia y pretende implantar en los colegios, la educación sexual obligatoria de los menores,  incluidos los temas LGTB. 

Además, promueve, desde una posición de dominio de los medios de comunicación, el uso de una "neo lengua" española, abordando, en contra del criterio de la RAE, los términos inclusivos, con gazapos clamorosos, como "miembros y miembras" o más recientemente "marentales en vez de parentales"

Por otro lado, se ven pancartas o se oyen manifestaciones como: "Muerte al macho"; Los hombres son violentos, maltratadores y potencialmente violadores"; "El hijo varón, viola a su madre en el momento del parto" y prácticamente, hay la percepción de que todos los varones somos malos de nacimiento. 

Y ya puestos, han surgido otros conceptos: 

Violación inversa; es decir, rechazo masculino a mantener relaciones sexuales con una mujer que se lo pida, cuando ésta no cumple con sus gustos estéticos. Al parecer, si una mujer quiere sexo y el varón se niega a ello, se trata de una nueva modalidad de acoso machista.

Autodeterminación de sexos: siguiendo la filosofía de Vitt Muntarbhorn, no importa que los seres humanos al nacer, tengamos cromosomas XX o XY, lo que determina el sexo de las personas, es la voluntad de ser uno de los 112 sexos que hay descritos. Dicho sea de paso, la opción sexual tampoco es definitiva, pues puede ser modificada por la persona si cambia de opinión o tendencia.

Hembrismo: movimiento de discriminación sexual supremacista, que favorece a la mujer y perjudica a los hombres. Es lo opuesto al machismo

Cuando partidos centristas o de derecha, quisieron unirse a las manifestaciones feministas, fueron violenta y antidemocráticamente rechazados, pues la izquierda "No, bonita, no", no admitía la transversalidad social de las demandas de estos colectivos.

En el terreno personal, confieso que he evolucionado desde la execrable situación de mediados del XX.

Soy hombre, heterosexual, evolucionado con los tiempos hacia el absoluto respeto de todos los seres humanos, indistintamente de su sexo, credo o raza o nacionalidad, con algún tic machista involuntario, herencia del pasado, que corrijo cuando me convencen razonadamente; respetuoso con el lenguaje español; vigilante de la manipulación ideológica, con sus mentiras, sofismas y lenguaje políticamente correcto.

Rechazo cualquier violencia familiar y expresamente, los asesinatos de mujeres y de niños.

Reconozco sin embargo, mis dudas sobre la conveniencia o no de que los niños crezcan en familias de dos padres o dos madres; rechazo absolutamente que se niegue a los padres la libertad de decidir que sus hijos sean adoctrinados o no en libertad sexual y por supuesto, rechazo conceptos absolutamente irracionales, como "La violación inversa"; "La pretendida existencia de un centenar de sexos diferentes"; "Todos los varones somos violentos y violadores en potencia" o que "El sexo no lo determinan los cromosomas, sino las tendencias sexuales de cada cual"

También soy un "Viejo España", que cede el paso o el asiento a una señora, anciana, embarazada o no y por supuesto, con niño. Aprecio personalmente a una mujer educada, prudente, inteligente, libre y con valores. Respeto profundamente el feminismo, "La igualdad entre hombres y mujeres" y rechazo de plano el hembrismo, que defiende la supremacía femenina, así como la discriminación positiva de la mujer. 

Por cierto, ¿cómo deberíamos organizar los servicios higiénicos públicos para garantizar le intimidad de 112 sexos diferentes? ¿Complicado, no?

Nota: el autor publicó en este mismo blog, el 15 de junio de 2015 el artículo "El siglo de las mujeres".




 

 





















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