sábado, 3 de octubre de 2020

Fin de un sueño

Casarme, tener hijos, plantar árboles, escribir libros, tener nietos, ser socialmente útil,.. vivir en una casa con jardín, mi "torre de marfil", el escenario de vida en familia, mi sueño al fin conquistado.

Un terreno, un diseño de hogar, un sudor de jardín, sabores de huerta, atracción de pequeña fauna que dé "vida a la vida" y de otra no deseada, de incansables arañas, caracoles, babosas...

Acción, error, corrección, casa en progreso, un viejo artículo titulado "Ya tenemos casa nueva" (ver 6 de junio de 2015 en este blog), chimenea encendida, pantalón viejo, zapatillas calientes, música que enaltece, aromas de flores, mariposas paseando colores en el aire...

Magnolio plantado en tierras con sentimientos, venidas de los 5 continentes, con olor a familia y a amigos repartidos por el mundo. Árbol con secretos mensajes en su madera, de deseos y promesas de seres queridos, abrazos a su tronco, evocando los ancestros, apoyando los sueños de los míos, sintiendo la fuerza que emana de sus raíces y me une a la Madre Tierra...

Sopas calientes, olor a café y a té, velas de cumpleaños, villancicos, tradiciones, calificaciones escolares, marcas en la pared que señalan los crecimientos de los jóvenes y el menguado de los mayores...

Hijos que vuelan a sus proyectos de vida, nido vacío, casa grande, sentimientos distantes, frío de hogar, aires de cambio, incertidumbres de futuro, ocaso en soledad, miedo al futuro, sueños rotos, ceder el testigo, "torre de marfil" con nuevas gentes, sangre joven, nuevos sueños, espalda al pasado....

Rosa de los vientos marcando el norte, tierras de nieves, de cabellos rubios, de ojos azules, de lagos por doquier, de cantos de valkiria en un horizonte nuevo...

Rosa de los vientos virando al este, al Mediterráneo, a la luz de Sorolla, al solaz reposo de nada hacer, salvo respirar, reír, vivir el momento, sin conjugar pretéritos, ni pensar en futuros lejanos...

Corazón cansado, piernas gastadas, sueños de paz, complicidad y ternura... salto al viento, de un hombre viejo, pero aún con vida y ganas de pisar mundo, hasta el fin del fin. 

jueves, 1 de octubre de 2020

Tres cigarrillos

Mis abuelos me contaban historias y anécdotas de la Guerra Civil, que oía con interés. Por ejemplo, cuando los soldados fumaban en una trinchera del frente, el enemigo se alertaba con la llama de prender el primer cigarrillo; preparaban el fusil al encender el segundo y disparaban al tercer fumador.

Vi en la fachada de su casa, huellas de disparos de la guerra, pues la zona donde vivían, había sido frente de batalla en la toma de Madrid. Recuerdo que cada atardecer, aún con luz suficiente, bajaban totalmente las persianas y encendían la luz. Era costumbre hacerlo en la guerra, porque podían verles desde el exterior y ser blanco de un disparo. Es decir, que 20 años después de finalizar la contienda, aún tenían miedos del pasado.

Durante el conflicto armado, se cometieron muchas "sacas" "paseíllos" y asesinatos a lo largo y ancho de toda la geografía española. Se trataba de ajustes de cuentas por rencillas personales, delaciones, o simplemente, por ser de pensamiento político diferente, ir a misa y vete a saber cuáles otras miserables razones.

 Aquél terror, marcó la generación de nuestros padres y abuelos. Por ello, a los que nacimos en la postguerra, nos decían que no nos significáramos políticamente. De esta forma, mis padres, ni siquiera me permitieron disfrutar de los campamentos de verano de la OJE, Organización Juvenil Española.

Los estudiantes de izquierda, empezaron a "mover la Universidad", a principio de los años 60, aumentando el activismo, tras los acontecimientos franceses de "Mayo del 68"

Nunca me signifiqué en aquella época y a pesar de ello, pude ser agredido dos veces en Madrid, al verme atrapado entre la policía y algaradas estudiantiles.

Respiré libertad durante mis estudios de máster en Francia. Asistí por curiosidad, a mítines políticos sobre el comunismo de la URSS y China. También conocí por azar, independentistas vascos y catalanes. Por primera vez en mi vida, contrastaba mi educación y valores, con otras ideologías políticas.

A pesar de no implicarme políticamente, tuve cierta precaución al volver a España, pensando que el "Régimen" pudiera controlar los jóvenes españoles en el vecino país. Era evidente, que pesaban sobre mí los temores infundidos por mis mayores.

Con la llegada de la democracia a España, los jóvenes habíamos perdido los miedos del pasado. Habíamos viajado a la libertad

Sin embargo, recientemente, los que llevamos España en las venas, sentimos la presión social de los extremistas y los independentistas. Asuntos como el feminismo y la memoria democrática, entre otros asfixian la libertad de pensamiento y de expresión

Por otro lado, la denuncia de que un partido comunista en el poder, tiene grupos de activistas que persiguen y acosan a representantes de las instituciones, en su beneficio, parece retrotraernos, a los tiempos del "tercer cigarrillo" y retumban ecos de "paredones", que por el momento, son de acoso sin sangre.


 




 


miércoles, 30 de septiembre de 2020

Vida y muerte

El sol ha asustado la luna y su luz ha traído la mañana. El viento mueve los colores de mi jardín. Mientras, medito sobre la existencia. 

Somos frágiles seres, arrastrados por el río de la vida. Sabemos que nuestro paseo personal, es sólo un efímero momento, que acaba con la muerte, aunque para los creyentes, ésta signifique, el inicio de la Eternidad. 

Es muy posible que así sea, pues todas las civilizaciones, ignotas y diferentes, han creído en ello a lo largo de la historia.

Mientras nos llega el momento, a veces, volamos bajo, racheando en el charco de la lujuria, la gula, la avaricia, la pereza, la ira, la envidia, la soberbia o incluso, algunos, chapoteando de forma libre y consciente, en gravísimos pecados, como el asesinato, la violación o el suicidio.

Afortunadamente, también nos elevamos al ejercitar valores como fortaleza, justicia, perseverancia, solidaridad, bondad, honestidad, respeto, lealtad, paciencia, autocontrol...

Mi existencia, transcurre con paz interior, al tiempo que medito sobre las leyes que rigen el Universo: la física, la química, las matemáticas... una energía, un espíritu, un Ser Superior... y mi intelecto se pierde ante los misterios de la Creación.

Microcosmos y macrocosmos, dependen de las mismas leyes gravitatorias. También el amor obedece a leyes físicas; biológicas y químicas, aunque al final, aparezca la espiritualidad.

Todo parece estar regido por un ser superior que llamamos Dios, con distintos nombres, en las distintas creencias y manifestaciones religiosas.

Buscamos un paraíso eterno, que es, figuradamente, una isla hermosa, a la que se accede por diversos puentes, que son las diferentes creencias y religiones. 

No tiene pues sentido, que los fieles de las variadas religiones del mundo, excluyamos de la salvación, por fanatismo, soberbia o ignorancia, a quienes no utilicen nuestro puente espiritual e incluso matemos o destruyamos por ello, otras vías de acceso al paraíso

Las virtudes y las miserias humanas, facilitan o destruyen la convivencia, la armonía y la búsqueda de la felicidad, en cualquiera de las distintas formas de vida que nos hemos dado en este mundo diverso.

Cada cual, debería buscar la paz y la felicidad en su interior, mejorar como ser humano y respetar  otros caminos de vida. 

Lo dicho: nuestro tiempo personal, es muy corto y hemos de aprovecharlo volando alto, lejos de los charcos de la miseria humana 

  

     

    


domingo, 6 de septiembre de 2020

Uñas negras

Jardín abandonado, por los viajes, la desidia y la inconstancia. Sueños de pasión y belleza, a veces olvidados...

Respiro hondo, aprieto las manos al azadón, elimino maleza, volteo la tierra, la rastrillo y nivelo; planto huerta; con manos viejas y desnudas, cansadas por el tiempo. Piel en tierra; yemas doloridas; terrones entre dedos, palpando el mundo.

Estanques de vida, donde bebe la silvestre fauna; flores hermosas que ofrecen colores; frutos que prometen sabores; rincones con misterios y sorpresas; mi sueño, mi obra, mi jardín.

Cuerpo dolorido; agujetas de campo trabajado; articulaciones crujientes; manos ásperas; uñas negras.

Pandemia de covid, miedo de contagio y muerte; confinamiento obligatorio; hogar dulce hogar.

Escapada de supermercado; guantes y mascarilla; microgotas con virus, como balas de muerte. 
Descarga de la compra, lavado, desinfección.

Acogedor sofá, música clásica, paz, sosiego y bienestar. Telediario de aplausos en balcones, de ataúdes ocultos, de tragedia escondida.

Escena furtiva, un matrimonio, de 89 y 91 años; hospital; camas juntas; abrazados, esperando con amor desdentado, "la muerte no es final"

Ojos húmedos de emotiva ternura; de admiración ante la escena de amor y en cierto modo, envidia, por adivinar una vida plena, feliz, duradera y hermosa.

Pasan los días, crece mi huerta, los pájaros abandonan los nidos y huele a salitre de mar en olas de espuma blanca, mientras manejan al pueblo con sofismas a modo de "gota malaya"

Los jóvenes desatan sus ansias de libertad, ajenos a la prudencia y a la solidaridad con sus mayores. Los recolectores del campo, en condiciones insalubres y los inmigrantes, también diseminan los coronavirus. 

Suben las cifras del contagio, del paro y de la deuda, mientras se teme un otoño de hambre y sufrimiento.  

Cierro los ojos; sueño un futuro sin miedo, de fronteras abiertas, de horizontes lejanos, de mochila; de botas en otros  paisajes; de emociones y vivencias; de aventuras entre rostros extraños.


Verano 2020

Lluvia suave y persistente; olor a ozono y tierra mojada; caracoles pastando la hierba; primeras hojas desertando la madera. El agua limpia el paisaje y la tierra sacia la sed del verano.

Cantabria barrunta el otoño y los turistas dejan las arenas, de salitre y espuma.

Un verano raro, de bañistas con mascarilla; de alegrías en la distancia; de miedos de batas blancas y de coronavirus asesinos.

Pronto cambiará el calor de geografía. Vendrá un otoño de nubes negras. Las hojas caídas, mostrarán las desnudas ramas y las cifras de contagios, de muerte y paro, mostrarán las desnudas vergüenzas de la política.

Pararemos la pandemia, pero quedarán los llantos por sus víctimas, la miseria económica y también las plagas de la incompetencia, el sectarismo y la corrupción.

A pesar de ello, el mundo seguirá girando; más caliente; más contaminado, pero aún hermoso.



miércoles, 29 de julio de 2020

El hijo de madera

Año 2000. Un jardín en diseño; un sueño de futuro.

Un retoño de magnolio, esperando hundir sus raíces; un gran agujero de plantación; tierras procedentes de los 5 continentes, testimonio de la globalización y símbolo de mis sentimientos diseminados por el mundo.

Muestras de tierra de los Dale, en Australia; de los Vega, los Johncox y los Garvey  de Norteamerica; de los Dessert de Francia; de mis ancestros de Salamanca; de mi juventud de Sevilla; de mi pequeña patria de acogida; de los lugares hermosos, que guardan secretos de mi alma,.....

Arenas de aventuras de desierto; tierras de cumbres conquistadas; de cuevas descendidas; de mis recuerdos, de mis emociones, de mi vida...

Mi árbol abraza con sus raices mi historia personal. Me ha dado sombra, mientras leía libros o la imaginación bullía en mi interior, creativa y apasionadamente.

Los muñones de sus podadas ramas, guardan secretos de nostalgia; palabras de amor; sueños de futuro; inocencias infantiles..... 

Son mensajes reales, escritos en miniaturas de papel, engullidas por la creciente madera, formando parte para siempre, de su parte arbórea.

De sus grandes y efímeras flores, emanan suaves efluvios, al tiempo que embellecen sus verdes y coriaceas hojas, que caerán sobre el verde césped, tornadas en color tabaco.

Mi hijo de madera, crece mientras mengua mi futuro. 

Pasamos por el mundo, creyendo que la tierra nos pertenece, cuando será ella quien nos abrace para siempre.

Aspiramos a la eternidad; a dejar huella en la historia, con obras de pintura, literatura, escultura, arquitectura, con descubrimientos científicos, récords deportivos, ... o simplemente, con la transmisión de nuestros genes.

Los errores de mi pasado, son la sabiduría de mi presente. Han cambiado mi escala de valores, reduciéndose a la salud, los buenos sentimientos, la autoestima personal y a un bienestar razonable. Han desaparecido las ambiciones, los egoísmos, los objetivos intrascendentes y las alharacas del poder.

Respirar 13 veces por minuto, inyectar alegría en vena a mi derredor, crecer en bondad y espiritualidad,... prepararme para el último viaje....

A veces, abrazo clandestinamente a mi hijo de madera y solo simbólicamente, pienso, que algún día, cuando sea ceniza para la eternidad, pueda alimentar sus raíces, prolongarme en su vida, dar sombra a otras generaciones, ver los mensajes guardados en su madera, recordar mis historias de tierras lejanas y perfumar el aire, con el suave aroma de las flores del magnolio.

Nota del autor: mi jardin tiene muchos hijos más, igualmente hermosos y mi vida, tiene tres hijos y cuatro nietos, que juegan felices entre la madera de mis sentimientos

viernes, 17 de julio de 2020

Flores voladoras

Siendo niño, perseguía las mariposas de los campos. Cuando atrapaba alguna, mis dedos se manchaban con las coloridas escamas de sus alas y perdían su belleza.

Años después, aprendí que no consistía en correr tras las mariposas, sino en hacer atractivo tu jardín, para que acudan a él y verlas en libertad.

Este símil, vale también, para atraer a tu vida las personas por las que tienes afinidad.

He aprovechado el confinamiento, para recuperar mi abandonado jardín y al tiempo, hacer una huerta para ofrecer sus sabores a mis seres queridos, mientras añado belleza a mi rincón de paz y bienestar.

Curiosamente, han acudido numerosas mariposas, cuyo objetivo no era embelesarme con sus vuelos, sino desovar en mis plantas comestibles.

Hace un par de días, numerosas orugas devoraban con avidez, mis lombardas y mis coliflores, dejando las hojas en esqueletos inservibles.

Tuve que escoger entre una bucólica distracción o romper el ciclo evolutivo de las mariposas; es decir, o poesía de colores o sabores de otoño; entre quijotesca visión de la vida o filosofía sanchopancesca.

Converti un envase de limpiacristales con pistola difusora, en un inédito arma de destrucción de orugas y tras una fumigación, salvé mis "plantas de sabor y compañia"

El limpiacristales, también sirvió para matar pulgones de las hojas de mis citricos y supongo, que algún día sirva hasta para limpiar las ventanas de mi casa, tan trabajadas por arañas y caracoles.

A lo largo de los años,  he interferido en el microambiente de mi jardin. Una vez, traje ranas a mis estanques para oir sus cantos y combatir las  larvas de mosquitos.

Algunos renacuajos de sapo ya adultos, se reprodujeron igualmente, creando un ambiente hostil para mis peces de colores, que murieron en su totalidad.

Una gran rana adulta  atacó un pájaro que acudió a beber  atrapandole por la cabeza. Ambos animales, murieron a la vez por asfixia.

Habia liberado unos erizos, para que comieran la plaga de babosas y caracoles, pero también devoraron ranas y sapos en sus correrías nocturnas.

El croar de las ranas, atrajo a una culebra de agua, que "desranó" mis estanques, con lo que las larvas de mosquitos, completaron su ciclo evolutivo y nos picaron.

Mientras evoco mis recuerdos, sigo medio confinado y sin bajar la guardia, pues el virus ataca de nuevo. 

Me dedico a reproducción de plantas, para escribir poesías de colores en mi jardin; veo crecer mis tomates, esperando que se sonrojen con el sol; tiño caracoles del jardín con pintura fluorescente, para ilusionar mis nietos con falsas luciérnagas y ahuyento las mariposas, aunque sean "flores voladoras".

Imagino que el covid solo ha sido una mala pesadilla y que soy libre de nuevo. Sueño nuevos paisajes y paseo mis huesos por caminos angostos, pedregosos y empinados, o piso mullidos campos de verdes praderas, donde las amapolas bailan al viento de la libertad, sin ira, libertad.

Sueño paisajes humanos de tribus ancestrales; fieras de selva, aves de paraíso y cortejos de fauna salvaje.

Sueño y sueño mucho, pero mi alma de joven, está prisionera en un cuerpo viejo y crujiente, que a su vez, está cautivo por el miedo a una pandemia, en un mundo sometido a un desvieje sin precedentes.