domingo, 5 de junio de 2016

Sábanas de pasión

Ayer supe que un amigo había caído bajo las balas del cáncer, mientras subía  hacia la colina de la longevidad. Tenía 59 años.

Pensé que debía beberme cada segundo de vida y huí de la cama en busca del día.

Las ranas croaban la mañana, mientras recogía las primeras frambuesas del año. Un roja cereza, anunciaba el comienzo de mi cosecha de sabores.

Paseaba mi otoño personal, por el jardín de primavera, ya casi verano, para comprobar el estado de mis rojos desayunos de invierno.

Al arrancar algunas ortigas, recordé el viejo proverbio "No ahoga la simiente la mala hierba, sino la desidia del agricultor"

Y es que mi jardín, había sufrido las consecuencias de mis largas ausencias. Limpié la maleza sudando mi edén, aún a riesgo de sufrir las ortigas en la cara. Arranqué los sabores a mis arbustos de bosque y retorné a casa con mis trofeos.

Debiera estar absorto con la experiencia, pero estaba de "sueños y recuerdos".

Evoqué los días de plenitud, de amores encendidos, de sábanas de pasión, de alegrías de hijos y de amor en el esplendor.

Me vi en el espejo del presente, en el ocaso del camino, en el sol que se acuesta, ubicándome en la negritud del paisaje.

Y pensé que para qué tanto pensar. Para qué tanto aportar razones al corazón y preguntarme tantas cuestiones que no siempre tienen respuesta.

Y liberé mi espíritu de las arrugas de la historia, remedando a Martin Luther King con su ¡I have a dream!

Y tuve un sueño; mi propio sueño. Me vi en los colores de países lejanos, de riesgos ciertos, pero también de emociones, de ensoñaciones y de pasión.

Desiertos, selvas y sabanas de pasión. De adrenalina y curiosidad. De aventura, de abismos del camino y de bellezas por vivir.

Me atraían el color azafrán de Indochina, con sus plantaciones de té en bancales;  los mágicos maquillajes de las tribus del Omo en Etiopía y el espectáculo salvaje de vida y muerte, en el delta del Okavango.

Pisaba sus tierras y empapaba mis sentidos; me arrobaba la pasión y saciaba en parte mis ansias de viajar. Apretaba con mis puños, la tierra a la que algún día volveré y pensaba en las sábanas de pasión de la perdida juventud.

Con los años, cuando las fuerzas me abandonen, las ortigas volverán a mi edén. Habré perdido entonces, la batalla de mi jardín, pero recordaré con satisfacción, las noches de sábanas de pasión y la pasión de viajar






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