lunes, 23 de febrero de 2015

La Reunión.Capítulo 2. Vuelo al sur del sur


Leí en alguna parte, que envejeces cuando no te mueves; cuando pierdes las ganas de reír, cuando dejas de amar o cuando no sales de casa.

Me muevo, aunque no lo suficiente; río todo lo que puedo, intento amar y no salgo mucho, pero cuándo lo hago, es de forma intensa y lejana.

Aprendí a torear bien joven; primero con becerras y luego, vacas. Toreaba sin sangre; vivía la adrenalina y sufría revolcones y magulladuras. Afortunadamente, tenía huesos de goma.

Cuando el animal se arrancaba, aguantaba a pie firme, sin paso atrás, en postura torera y domando al miedo.

Si los libros amarillean con el paso del tiempo, mis huesos se han vuelto “crujientes” y sigo teniendo miedo, aunque por circunstancias diferentes.

Ahora, no son las vacas las que embisten, sino la soledad del corredor de fondo, en un mundo distinto y extraño.

He pasado la noche en vela por amor de padre. He madrugado la negra carretera, bajo cortinas de viento y agua. Luego, he estado inquieto, ante el desafío de mi viaje.

Haré “un doce horas”, sobrevolando todo el continente africano, en una especie de ruta transafricana  aérea, que me transportara a la Isla de la Reunión. Libre y solitario, sin mano amiga en mi largo viaje de millas y calendario.

Dejo atrás familia, vida fácil y cómoda , la seguridad del grupo, mi querencia, mi rincón de la verdad y la bañera de mi diario placer.

Vuelo a mi aire, abandonando la formación en V, sin relevo y a merced de los vientos.
Me abrazara un calor sofocante, en época de lluvias.

No tengo la certitud de mi destino, en paisaje desconocido y distinto.

Llevo conmigo 67 años vividos, un apunte de “a lo que salga” y la experiencia del viejo zorro, que sobrevive con la astucia de la experiencia.

Abrazare la aventura viviendo cada inesperado momento, cuidándome de malos pasos, de dientes marinos de pérfida aleta, de mosquitos, de finos escorpiones de selva inmediata y de parásitos que esperan su momento.

Y puestos a envejecer, que sea con el oxígeno del paisaje y la euforia de los sentidos


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