jueves, 12 de febrero de 2015

Tambores africanos. Segunda parte

Ya era un veterano en Senegal. El año anterior, había estado 3 veces allí, para asesorar al Gobierno. Fui consultor internacional de la UE, para ayudar a la mejora de la seguridad alimentaria del país.

Pero no es o mismo ir con cobertura oficial y portafolios, que con chanclas y mochila sin apoyo logístico. Tampoco era igual estar en Dakar o en Mbour, que viajar al sur, zona donde se producen esporádicos y sangrientos combates, con la guerrilla independentista.

Me impresionó la habitación que me ofrecieron en el viejo hotel de Zinguinchor. Afortunadamente y previo pago de su importe, me alojé en una suite del nuevo hotel. 

Un acontecimiento iba a removerme las entrañas. En un cibercafé, vi por primera vez, la foto de mi primera nieta, que acababa de nacer en Nueva York.

En las siguientes fotos, pueden verse los tronco - controles militares de carretera; el estado de los vehículos de transporte público y muchos detalles, que el lector podrá leer en las imágenes.

En Gambia, habíamos acudido a la Embajada de Guinea Bissau, para obtener el visado de entrada en el país. Salimos de las dependencias sin el visado, pues nos pedían el pago de una cantidad inadmisible. Teníamos la confianza de que en el Consulado ubicado en la frontera, todo sería más fluido y honesto, como así fue.

No comprendía la abundancia de camisetas del Barcelona, ni las pintadas de apoyo en las paredes. 

No suelo decir tacos y menos escribirlos. El vendedor de billetes de transporte público, se ensañó con los dos blanquitos que íbamos a viajar. Nos asignó los peores asientos posibles y hubimos de hacer un viaje de 5 horas, oliendo a ·eau de sobac", a gallinas vivas y a todos los aromas del África profunda. En la foto le he puesto un cariñoso calificativo, para que conste en la historia personal.

Cada 40 o 50 km, pasábamos un control de seguridad. Bajábamos con el pasaporte y el equipaje en la mano, estirábamos las piernas, aligerábamos el bolsillo, respirábamos aire puro y nos volvíamos al vehículo.

Vimos árboles maravillosos, monos campbel, enormes termiteros, preciosas chozas matadas con lamentables techos de aluminio y vivos colores cimbreándose al viento y al son de magníficas y cadenciosas caderas femeninas. Lamentablemente, no estaba bien situado para sacar buenas fotografías. 
























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