jueves, 14 de abril de 2016

Vividores

El avión vuela el cielo azul. La compañera de asiento ve unos brillantes revistas del corazón.

Los personajes son diferentes, pero el ADN es compartido por otra reinas del couché.
Diríase, que el privilegio de la celebridad, la vida muelle, la supervivencia del cuento y de que trabajen otros, es hereditario.

Diríase que, los asalariados, soñadores de un lujo inalcanzable y sufridores del sudor, no tienen acceso a la mamandurria del chismorreo, pero son tributarios de la pirámide del camelo.

Ocurre lo mismo en el ámbito nacional o en el internacional. Hijos de tonadilleras, hijas porcelanosicas, de actrices o de  aristócratas sin castillo, viven de la fama por derecho de cuna.

A veces, el relevo es planificado en el tiempo, apareciendo en pantalla madre y recría, para retirarse con el tiempo, o no, la de más calendarios.

Mónaco, Liechenstein, y otras pequeñas realezas, viven también  el couché europeo, aunque, con más clase, si obviamos advenedizos guardaespaldas y domadores de circo.

Sin animo de generalizar, creo que los antiguos personajes de la jet set, se lo trabajaban más, mejor y con más gracia.

Fiestas de blanco, de transparencias y personajes dignos del Loco de la colina, atraían reyes del petróleo y pijolandias europeas, dispuestos al faranduleo y la nocturnidad. 

La Gunilla y su marido, los "Jolenjole" y sobre todo, el desaparecido Jaime de Mora y Aragón, se trabajaron el cotarro, mostrando extravagancias e imaginación.

Sudaron el pijorío, hasta promover turísticamente la Costa del Sol y crearon riqueza y trabajo.

Eran impagables las veladas Jaimunas, dando pábulo a todo tipo de comentarios y noticias.Recuerdo, entre la sonrisa y el asombro, cuando dijo, refiriéndose a su hermana Fabiola: 

"Yo de emigración, sé mucho, tengo a una hermana, trabajando en Bélgica de Reina" 

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