sábado, 11 de noviembre de 2017

La resaca

Jubilado con júbilo. Sexto sábado de la semana. 11 de noviembre. Cantabria. Cielo gris panza de burro. Liquidánbar en grana; tulípero de Virginia en oro. Suelo con hojarasca de otoño aposentado.

Frío, hojas quietas; como retratadas. Sin pájaros en las ramas, sólo paz, melancolía y quietud.

Desayuno global: pan con pasas y nueces, sueño de ardillas; leche directa del establo, de dos herbores y toda su nata, con dátiles machacados, como en la bienvenida del desierto y manzana tan ácida como crujiente, cortada en rodajas, a modo de tostadas, con miel, a lo hindú.

Estómago satisfecho; bienestar corporal; espíritu sereno; mi rincón de la verdad y mi artículo creativo.

Aún bullen en mi interior los colores y los calores de Indonesia, pero el viento del tiempo, barre mis exóticos momentos al rincón de mi historia.

La fauna, los volcanes, la selva, los templos,.., son maravillosos e intangibles recuerdos. La memoria selectiva, ha borrado las dificultades y las incomodidades y sólo relucen en mi memoria, todo lo que contribuye a mi felicidad.

Me debato entre la nostalgia por el reciente pasado, la melancolía del presente y los sueños de nuevas experiencias de vida. Simplemente, tengo resaca emocional y vivo en un nirvana de hermosa sonrisa.

Mallorca, Sevilla, Alicante.., son mis destinos cercanos. Metas de amistad y familia; de sentimientos, en suma, que han de anestesiar puntualmente, miradas lejanas, nuevos sueños de exotismo y aventura.

Sano, lleno de curiosidad por la vida, insaciable en la mirada de horizontes lejanos, así soy; así me encuentro. Como si pisara arena ardiente, con los pies descalzos, incapaz de templar los movimientos en la calma de la querencia.

Pronto veré belenes, oiré villancicos, comeré turrón y me invitará a espuma el Gaitero. Se palpan la magia del sorteo de lotería; los resúmenes del año; la lista de los que se fueron; las campanadas y sus uvas; las buenas intenciones y la realidad de siempre.

Pies fríos, bufanda al cuello, castañas asadas a precio de caviar, luces de Navidad, sueños de Cabalgata y vida que se repite, cada vez, con menos seres queridos del pasado XX.

Y mientras ilusión y consumismo, sepultan el sentido cristiano de las Navidades, mi alma sueña otras latitudes, mira mapas y consulta su agenda para aunar las ansias de viaje de compañeros de aventuras.

Sudáfrica, Egipto, Bolivia, China, Nueva Zelanda, Japón, India, Rusia..., un mundo por recorrer; gentes de otros lugares por abrazar; nueva fauna por descubrir y nuevas experiencias para el zurrón de la vida.

Mi corazón late y mis piernas aún responden. Todavía siento curiosidad y ganas de embriagar mis sentidos con la diversidad del Planeta.

Maletas, zapatos y ropa destrozadas de tanta geografía vivida, pero intacta el alma..., más bien henchida por vivir intensamente, mientras algunos de mis coetáneos, no han podido envejecer con éxito ni conquistar la colina de la senectud.

Ayer leí una sentencia importante:

"El día que comprendí que lo único que me voy a llevar es lo que viva, empecé a vivir lo que me quiero llevar"

Y en esas estoy, apurando lo mejor que me ofrece la vida, sin hacer acopio de bienes materiales, cultivando sentimientos, evitando amarguras de quienes no aprenden el verdadero camino,  repartiendo alegría y en definitiva, compartiendo la felicidad con quienes saben apreciarla 
  

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